Tuliqui.—¡A ver si te da calabazas!

Melquiades.—¿A mí? ¡A las dos palabras, la pelo al rape si me da la gana! (Siguen hablando en voz baja y bebiendo. Avelino sale del escondite, abre la navaja y avanza en actitud amenazadora. Benita le sujeta.)

Avelino.—¡Suelte usté! ¡Suelte usté, que le voy a traer dos filetes de cerdo! ¡Miserables! ¡Canallas!

Benita.—¡Chist!... ¡quieto! Déjeme usté a mí sola, que yo sé lo que tengo que hacer con estos bandidos. Lárguese usté pronto.

Avelino.—Si hago falta, me da usté una voz.

Benita.—Bueno. (Vase Avelino por la primera derecha.) Por mi salú que os acordáis de esta mema pa toa la vida. ¡Deshonrar a mi hermana y tomarme a mí el pelo! Veremos quién puede más, si una tonta o cinco granujas. (Vase tercera derecha.)

Melquiades (A Serafín.)—De manera que tú a seguir dándola achares a la Nieves con su amiga, y yo a buscar a esa pitusa, y de que la encuentre...

Benita (Por el foro derecha, lejos y quejándose.)—¡Ay! ¡Ay! ¡Ay!

Serafín.—¿Quién se queja? (Todos miran al sitio indicado.)

Melquiades.—¡Calla!... ¡Pero si es la Benita!