Benita.—¡Regular! ¡Cada una presumimos de lo que podemos!

Melquiades.—Yo no me había fijao, pero, sabes que tienes un nacimiento que...

Benita (Haciéndose la tonta.)—¡Je, je! Lo mismo me dijo el otro día el chico de la tienda de sedas. (Ruborosa.)

Melquiades.—¿Te dijo que vaya un nacimiento?

Benita.—Sí, señor; que vaya un nacimiento y que si se lo quería dejar pa una Nochebuena.

Melquiades.—¡Anda diez!

Benita.—Y luego, se puso así en jarras y me añidió: ¿Le falta a usté una figurita pa ese nacimiento? Y yo enfadada le dije: “Sí, señor, me falta el buey.”

Melquiades (Riendo.)—¡Muy salao! ¿Y qué te dijo?

Benita.—Pues... me dió las señas de su casa de usté. (Se ríe tontamente.)

Melquiades (Quedando de pronto serio.)—¿Y por qué no te dió las de su padre político?