Benita.—El joven que nos va a acompañar.
Paca.—¿Este? Pues vámonos pal Vaivén. Usté me entra y me suelta en metá del baile, yo saco este vergajo que llevo debajo del delantal (Levantándoselo y enseñando uno.) y ¿ustedes se acuerdan de hace catorce años que cayó una granizá que asoló medio Madrid? Pues fué un estornudo comparao con la que les preparo.
Benita.—Que se le cae a usté el moño.
Paca.—Y me se caerá el alma. ¡Maldita sea! ¡Si me arde la sangre! ¡Si quería yo cogerle en una! ¡Si lo estaba deseandito! ¡Si de éstas me ha hecho cuarenta y cinco! ¡Si es un loco! ¡Si no hay año que no tengamos seis juicios!
Avelino.—¡Un loco y tanto juicio!
Paca.—¡Pero de ésta le pierde, palabra!; porque yo le juro a usté, que a él lo mato, al Vaivén le pego fuego y yo voy a la cárcel y ese ladrón al Hospital. ¡Palabra! ¡Que le digo a usté que mi venganza va a ser soná; (Llevándose a Avelino a empellones por el fondo izquierda.) pero que muy soná! (Le zarandea para que suenen los cacharros de la cesta.)
Avelino.—¡El pedido, señora; el pedido!
Benita.—¡Cálmese! ¡Cálmese usté! (Siguiéndoles.)
Higinio (Ídem.)—¡Pues sí que es un huracán! (Vanse.)