Virutas.—Bueno; pero ¿sacas algo?
Melquiades (Sonriendo.)—¿Sacas? ¡Una enormidaz! (Saca cuatro cigarros puros, que reparte y encienden.) Ahí van tres Panatelas: Flor de Cuba. Hay que echar humo, jóvenes.
Virutas.—¡Eres un gran sujeto, Melquiades!
Bernabé.—Épico. (Enciende.)
Tuliqui.—Pa las mujeres, un bacilus.
Virutas.—Si a los hombres se les pusiesen rótulos como a los comercios, a ti te se debía de poner en la cinta del sombrero: “A la nueva encarnación...”
Melquiades (Con extrañeza.)—¡A mi encarnación!...
Virutas.—Déjame acabar, hombre. “A la nueva encarnación... de don Juan Tenorio.”
Melquiades (Sonriendo, satisfecho.)—¡Ah; eso sí! ¡Me habías alarmao! (Chupando el cigarro.) Vamos a humear. (Entra triunfalmente en el salón, fumando y bailando; los otros le siguen chupando los puros.)
Todos.—Humeemos.