Avelino.—¡Cinco pedazos! ¡¡Menudo estropicio!!

Serafín.—Te juro que me las pagas, ¡por estas! (Paca le amenaza, y contenida por todos, se agrupa a la derecha con sus hijos, siempre con el vergajo en la mano.)

Benita (Interviniendo.)—No la regañe usté, que no ha sido ella. El que nos ha descubierto esta gatada de usté diciéndonos que era usté un sinvergüenza y un canalla, ¿sabe usté quién ha sido?

Serafín.—¿Quién?

Benita.—Pues aquí, mi amante. (Cogiendo a Melquiades y trayéndole a su lado.) Ven aquí, rico.

Melquiades (Asombrado.)—¿Qué dices?

Benita.—¿Verdá que has sido tú el que nos ha dicho que el señor era un sinvergüenza?

Melquiades.—¿Yo?... Oye: a mí no entremezclarme. (Se aleja hacia la izquierda, pero Serafín, cogiéndole de la americana, le obliga a detenerse.)

Serafín.—¿Que ha sido éste?

Melquiades (A Benita.)—Pero, ¿qué traición me haces?