Paco.—¿Pero es que le he faltao yo a alguien en algo? Al que le haiga yo faltao en algo, que lo diga. (A Hilario.) ¿Le he faltao yo a usté? (Pasando a su lado.)

Hilario (Con desabrimiento.)—A mí no.

Paco.—¿A quién le he faltao yo?... Señor Aquilino, usté que es autoridá, ¿le he faltao yo a usté en algo?

Bernabé.—Tú no has faltao a nadie, hijo mío.

Paco.—Entonces ha sío usté... porque de no haber sido yo, tié usté que haber sido...

Bernabé.—¿Pero es que dudas de mí?

Paco.—¿Qué ha hecho usté pa que nos echen?... ¿qué ha hecho usté pa destrozarme la felicidad? ¿qué ha hecho usté, padre?

Bernabé.—¿Que qué he hecho yo?... Quererte con toa mi alma, y cuando nos creíamos más dichosos, salgo y me dicen que nos vayamos; pido explicaciones y no me las dan y quiero exigirlas porque me sobran agallas, pero me acuerdo que hasta la ropa que llevas se la debemos a este hombre y me repudro y me achanto y me voy a la calle. No puedo hacer más, es decir, no puedo hacer menos. ¡Vámonos, hijo! (Coge su sombrero.)

Paco.—¿Pero es que llora usté?... Caray, porque eso no. Que antes de que se le caiga a usté una lágrima, me desnudo yo aquí mismo y dejo la ropa y el corazón y lo que sea menester dejar.

Bernabé.—Ámonos.