Sole (Enternecida.)—¡Señá Valentina!
Valentina.—No hay nada que defienda a la gente mejor que la verdá.
Hilario.—Y si tóo era mentira, ¿por qué no has venío tú a defenderte?
Valentina.—Porque no me hacía falta. Honrada he sido siempre. Creerme honrada es hacerme justicia. Si tú no me la quiés hacer, no me la hagas. Las mujeres como yo, esa justicia no la piden de limosna.
Hilario.—Eso es orgullo.
Valentina.—No sé lo que será.
Hilario.—¿Y quién me prueba que tóo era mentira?
Valentina.—Lo que acabas de oir a esta criatura. Mi vida siempre clara, el cariño de tu hija.
Encarna.—Si yo hubiese visto en ella lo más mínimo contra mi padre, ¿cómo la iba a haber querido?
Aquilino.—Hilario, son veinticinco años de afezto. ¿Quiés creerme, aunque soy municipal?