Hilario.—¿Qué me vas a decir?
Aquilino.—Que abras los ojos a la luz.
Encarna.—Sí, padre; toavía pué arreglarse tóo.
Paco.—Tóo menos mi reputación.
Sole.—¡Señor Hilario!... (Suplicante.)
Cosme.—Amos, ¡un rasgo, Hilario!
Hilario.—Que haga lo que guste... Que venga. Ya hablaremos.
Valentina.—Voy o no voy. Lo que tú quieras.
Hilario.—Cuando no he querido, es de tanto que he querido. Ya lo sabes.
Encarna.—¡Padre!... (Los abraza y los aproxima.)