Librada.—Dan más que una casa empeños. ¿Y sabe usté de mendigantas la que también se saca lo suyo?

Justa.—¿Cuála?

Librada.—Doña Encarnación, la de la cae San Bernabé.

Justa.—Doña Encarnación..., doña Encarnación... No caigo.

Librada.—Hija, paece usté tonta. Esa que pide de luto, con manto largo, que lleva la cara tapá, que paece que la sale la voz de una cisterna.

Justa.—¡Ah, sí!... ¿Y esa dice usté que saca?...

Librada.—Como que no se deja cortar un deo por seis mil pesetas.

Justa.—Bueno; pero es que esa he sentío decir que tira al gran mundo.

Librada.—Pide na más que en las iglesias de señorío, a las salidas de los vermuses u en los cines y fives cloques de moda. Su martinganla es que en cuantito que ve a una señora se arrima y la dice con voz que lo oiga toa la gente de alrededor: “Señora marquesa, me hallo famélica; agradecería a vuecencia un pequeño óbolo.”

Justa.—¿Qué es óbolo?