Librada.—No sé; pero debe ser una cosa cara, porque siempre que lo dice la dan más de veinte céntimos.
Justa.—¿Y cómo conoce a los títulos?
Librada.—No, si lo de marquesa lo dice al tuntún; pos ahí está la gracia. A lo mejor le llama vuecencia a un ama de cría.
Justa.—Hija, lo que saben algunas.
Librada.—Esa lo trae de casta. Ha sío una señorona en sus prencipios. Diga usté que no se emborrachara, y ya quisieran más de cuatro sus modales. A mí me tié dicho que es hija de un hacendao de Chinchón.
Justa.—Por lo menos, a eso huele toas las mañanas.
Librada.—Tié un habla mu fina; siempre que me ve me llama escuálida, que no sé lo que es.
Justa.—Algo delicao será.
Librada.—Seguro. Cuando ella lo dice...
Justa.—¿Y usté ya no pide en San Ginés, señá Librada?