Primitivo.—Venimos de inumanizar a Saturnino, el de la Bastiana.

La Angustias. (Asombrada.)—¿S’ha muerto?

El Sardina.—Del todo. En cinco días. Ayer la diñó.

Bonifacio.—¿Y qué ha sido?

Primitivo.—Pos un paralís local que le cogió tó el cuerpo y parte de la cadera.

La Angustias.—¡Buena estará la pobre viuda!

El Sardina.—¡Carcúlate!... Una chica soltera, sin costumbre de estas cosas... pues está que no la deja un ataque que no la coja otro.

Primitivo.—En la cama la hemos dejao con uno, que los gritos se oían en la Arganzuela.

Bonifacio.—Pero pasar si queréis, galanes.

El Sardina.—¿Dais algo?