Bonifacio.—¡Pero qué cachos de brutos!
Primitivo.—¡Brutos porque nos divertimos!...
La Angustias.—¡Valiente diversión!
El Sardina.—No vamos a ser como vosotros, que yo no sé si de hacer lápidas u qué, sois una familia más triste que un responso.
Primitivo.—Tenéis una formalidaz que acongoja.
La Angustias.—¿Pos qué querías, mirarnos por detrás y encontrarte con un chascarrillo, como en las hojas d’almanaque?
El Sardina.—Yo, a ti que eres de Cadalso de los Vidrios, hija de un cochero de funeraria, hermana de un calavera, y que encima te llamas Angustias, no te voy a pedir que seas un parque de Recreos. Pero éste... ¡Amos, que paece mentira que haiga nacido en el Portillo de Embajadores, que es la cuna del chirigoteo madrileñista!
Primitivo.—No paeces hijo de Madrid, Bonifacio.
Bonifacio.—¡Alto allá! ¡Yo soy más hijo de Madrid que vosotros!
El Sardina.—No chilles, que te se va a espantar el macho.