Gumer.—¡Arrea!... ¡Con lo postinoso que es ese pa las mujeres!

Paco.—¡Carcula!

Gumer.—Te sentaría peor que el escabeche pasao.

Paco.—Como que la saqué a la calle y la pegué una bofetá que la salté un diente.

Gumer.—¡Y pué que lo tomara a mal!

Paco.—¿Que si lo tomó?... Que me dijo que habíamos acabao.

Gumer.—¡Qué graciosas! Toas lo mismo. De seguida quién acabar... y el hombre que ya tié arreglaos sus gastos al jornal que le gana una mujer, que se chinche ¿verdá?

Paco.—Yo, de primeras, lo tomé por un dicho de esos de cuando una cosa les da coraje; pero, chiquillo, que nada... que ha estao dos días dándome esquinazo sin venir a planchar; y el jueves pos vino acompañá de un tío municipal que tiene; que no me quise arrimar, porque yo con el Ayuntamiento no tengo valor pa nada.

Gumer.—Haces bien.

Paco.—Y, por último, ayer, pa celebrar el santo de la maestra, se fueron de juergueo al Partidor, al ventorro del Cuevas.