Gumer.—Lo he sabido.
Paco.—De que me lo noticiaron, voy y me encamino pa allí con Pepe el Rosca. Lleguemos... ¡y no quiás saber!... Miro y me la encuentro agarrá a un panoli, a la vera de un manubrio, y bailándose otro tuesten.
Gumer.—¡Rediez, cuánto tuesten!
Paco.—¿No es pa quemarse?
Gumer.—¡Pa tener hollín!
Paco.—De que los guilé me dió un vuelco el corazón, y me voy pa ellos, y metiéndoles así la mano por entre los dos pa detenerlos, le digo a él: “¿Me permite usted una vuelta con la socia?” “Pa Carnaval”, me contesta el tío, y siguen girando.
Gumer.—¡Qué boceras!
Paco.—Me quedé helao. Vuelven a pasar, secundo la petición, y me dice que me presente a concurso. Hasta que yo, harto de chuflas, me arranco a él de mala forma y, dándole un manotazo en el hombro, le digo: “¿Pero es que ha heredao usté a esta joven, pollo?” “Sí, señor; me la ha dejao un tío.” “Pues a mí me la va a dejar un primo”; y agarro del brazo a Nieves, y tiro de ella, y va él entonces, arrima su cara a la mía y me estornuda a un milímetro cuadrao de mis narices... y, ¡chiquillo, qué bofetá!
Gumer.—¿Le diste?
Paco.—Viceversa.