Gumer.—¡Él a ti!

Paco.—Que me cogió la acción. Pero cómo me dejaría este carrillo de dormido, que hasta la quinta bofetá no se me empezó a desperezar.

Gumer.—¿Te sopló leña?

Paco.—Sí: pero tú ya me has visto en pelea... ¡Me cegué, me fuí pa él, metí mano, abrí la chaira, le tiré dos viajes!...

Gumer.—¿Y qué?

Paco.—Na, que le vi correr pa la Casa e Socorro y dije: “Le he matao”... pero luego me enteré que es hijo del conserje, y, como vive allí, iba por una estaca. Total, que si no se me llevan hay una desgracia.

Gumer.—¿En tu familia?

Paco.—U en la suya. Y escuso decirte, Gumer, que desde que esa mujer me ha hecho esa ación indecorosa yo no duermo...

Gumer.—¿No tiés dónde?

Paco.—Ni vivo... ni como.