Gumer.—Lo creo.
Paco.—Porque, claro, de repente te ves sin cariño...
Gumer.—Y sin veinte pesetas semanales. Si me ha pasao a mí la mar de veces.
Paco.—Por eso te digo; tú ¿qué harías en mi caso, Gumer? Aconséjame.
Gumer.—Hombre, la cosa es grave; porque, claro, tú no te vas a poner a trabajar ahora a la edaz que tienes.
Paco.—Ni lo sueñes. Voy a cumplir los veintitrés. La edad del aprovechen.
Gumer.—Por eso te digo que el asunto es complicao; pero, en fin, te voy a dar una leción que si me llaman a domicilio llevo cinco pesetas por ella.
Paco.—Venga.
Gumer.—Pues atiende. La Nieves, con su proceder asqueroso, te holla dos cosas: te holla tu pundonor y te holla el puchero.
Paco.—Que son casi tres ollas.