Señor Floro.—Y pa que te enteres de lo que no sabes, te diré que este globo terraquio que habitamos no es ni más ni menos que una corteza desprendida de otro planeta que se ha enfriao.

Un oyente.—Iría de verano.

Señor Floro (Muy molesto.)—Al que se chufle cojo una botella y le hago una alusión personal en las narices.

Varios.—Callarse, hombre. (Silencio profundo.)

Señor Eulalio.—Entonces, dime a mí, ¿qué soy yo, vamos a ver?

Señor Floro.—Un mísero gusano dedicao a la albañilería y nacido de la putrefación terraquia.

Señor Eulalio.—¡Arrea! ¿Yo gusano...? Hombre, Floro, dices unas cosas...

Señor Floro.—Chist...; aquí todo se prueba, como en las sastrerías. Ejemplo práztico de tu gusanez. Coges un peazo de queso, lo tiras a ese rincón, vuelves a los quince días y lo encuentras fermentao.

Señor Eulalio.—Eso será si no hay ratas, porque si hay ratas no lo encuentras.

Señor Floro.—Aquí tienen gato. Por eso he puesto el ejemplo. Pues de la misma forma que el queso fermenta y salen gusanos u seres móviles y vividores, lo mismo de la cáscara mundial salieron seres u gusanos, que somos tú y yo, éste y ese, la Inacia, la Tadea y personas que nos acompañan.