Aquella pobre gente, a pesar de todo, deja de reir.
Mutación
CUADRO SEGUNDO
Interior de una alcoba humilde en una casa pobre.
Son las dos de la madrugada.
En la obscuridad suena el tictac vigilante de un reloj.
Tendidos en una modesta cama, duermen el implacable ateo señor Floro y la señá Felipa, su consocia.
De pronto, el pobre hombre despierta, da un grito agudo y se lleva las manos al lado izquierdo del pecho, incorporándose, lívido y tembloroso.
Señor Floro.—¡Ay, madre!... ¡Ay, Felipa!
Señá Felipa (Despertando aterrada.)—¿Qué te pasa, Floro? (Enciende la luz.)