Señá Escola.—¡Pero no ve usté que si se muere ya no va usté a tener ninguna idea!...
Señor Floro.—¡Ay, señá Escola, no me haga usté ajurar de mi credo, que es no creer en náa!...
Señá Escola.—¡Pues vaya un credo!
Señá Felipa.—¡Amos, Floro, tómate el sello, que dicen que se han visto casos milagrosos!
Señor Floro.—¡Ay, que no puedo!... ¡Todo, menos eso!
Señá Escola.—Pero ¿qué le ha hecho a usté la Virgen de la Paloma?
Señor Floro.—Si no es la Virgen, es Lerroux, que me pondría como un trapo si lo supiera.
Vecino primero.—¿Y quién se lo va a decir?
Señá Escola.—Hale... traer agua... Aquí tié usté el sello bendito... A tomárselo.
Señor Floro.—¿Pero yo...? ¡Una cosa eclesiástica!...