Señá Felipa.—Tómatelo con fe, Floro.

Señor Floro.—¡Ay, bueno; lo tomaré porque no puedo más de dolor; pero por Dios, no se lo digáis a Pablo Iglesias, que ya no me saludaría!

Señá Escola.—Adentro.

Señor Floro (Después de tomarse el sello.)—¡Ay, ya está...! ¡Ay, Virgen Santa, dispénsame en lo que te haiga faltao; pero quítame esta punzada, que me atraviesa, y en cuanto me levante te llevo un albañil de cera...!

Da un suspiro. Los quejidos son cada vez más débiles. A poco, se duerme. Las mujeres rezan en voz baja.

Mutación

CUADRO TERCERO

En la calle de la Ventosa se hallan departiendo animadamente el señor Eulalio, insultado la noche antes por clerical en la taberna de la calle del Peñón, y el señor Dimas el Churrero.

El señor Eulalio refiere a su amigo el incidente del Viático, y éste a su vez le pone en autos de la conversión del señor Floro, su vecino, con el detalle del sellito y demás pormenores.

Se despiden. El señor Eulalio sube calle arriba. Al torcer por la de la Paloma se detiene estupefacto, viendo venir al señor Floro, ojeroso y vacilante, camino de la iglesia. Trae un cirio en la mano, cubierto hasta la mitad con un pedazo de papel de periódico.