Fig. 179.—Danza del Espíritu (El círculo).

7.—El antiquísimo culto de la piedra, fué también universalmente practicado por los primitivos habitantes de América. Los Dakotas, pintaban de rojo las piedras sagradas, ofreciéndolas sacrificios. Los indígenas de Guatemala, colocaban piedras en la boca de los moribundos para que entrara en ellas el alma desencarnada. Los Incas recogían devotos las que Cupac Iupanqui declaró habían sido "hombres barbudos", llevándolas á las guerras. Los Nahuas hacían proceder de los aereolitos á todos los hombres. El jade verdoso y semi transparente de los Aztecas se consideraba dotado de virtudes ocultas. Creían también los Peruanos que los aereolitos eran emanaciones del fuego celeste, cuyos ardores conservaban siempre. Los hechiceros Mayas, como los modernos astrólogos, usaban los cristales de cuarzo con fines oraculares y proféticos.

En general, si el Indio, de cualquier tribu que fuera, encontraba piedras de formas, colores ó propiedades para él extrañas, las conservaba reverente, bien convirtiéndolas en fetiches, bien conservándolas como mágica medicina de determinadas dolencias[280].

Fig. 180.—Idolo en Honduras.

Zoolatría.

8.—Los sistemas zoolátricos de América, comparables sólo á los Egipcios, eran acaso los más completos de los conocidos en la historia. Apenas hubo animal en la riquísima fauna del Nuevo Continente, cuyo espíritu tutelar ó maligno no fuese venerado por las tribus de las respectivas regiones geográficas[281].

En muchas de ellas se creía intercambiable el alma del hombre y los animales. El tigre, por ejemplo, no era sólo adorado por su fiereza, sino por creer que contenía el espíritu de algún guerrero muerto. El Zootheismo americano estaba, además, íntimamente unido con el Totemismo, y ambas creencias tuvieron capitalísima importancia social y religiosa en todas las tribus indígenas. De todos los animales sagrados, la serpiente recibió, en dichas tribus más solemne y universal homenaje. La silenciosa sinuosidad de la marcha de este ofidio, más sutil, según el Génesis, que ninguna bestia de los campos, su brillante colorido, la atracción de su mirada y su acción letal y rapidísima[282], fueron tal vez la causa de que la generalidad de las agrupaciones primitivas, y aun algunas relativamente cultas, la consideraran como receptáculo ó mediador favorito de los espíritus (Ophiolatría).

Fetiches.