Los fines primordiales de los ritos indígenas pueden reducirse á dos: elevar el hombre hacia los dioses y atraer los dioses hacia el hombre. Culminaron los primeros en la apoteosis[284], y los últimos en la aparición, manifestación ó epifanía.
Dividiremos sintéticamente los ritos en comunales ó beneficiosos para el clan ó tribu, y personales ó beneficiosos para el individuo, y dejando á los etnólogos el estudio de los personales[285], diremos algo de los comunales, que tan decididamente contribuyeron á la formación y cohesión de muchas de las tribus de América.
Casi todas estas tribus reconocieron, por ejemplo, como eficacísima la práctica de la oración en común de la congregación con fines religiosos. Los Dakotas y Chipewas, se reunían á millares en sus ceremonias. Los misioneros y conquistadores de Méjico y el Perú, nos relatan como espectáculo frecuente la reunión de ocho y nueve mil indígenas en las solemnidades de sus cultos. La nota característica de estos cultos era, como ya dijimos, las danzas rituales más ó menos largas, desenfrenadas y antiestéticas. La sugestión colectiva en estas danzas de la multitud animada por sentimientos idénticos, la intercomunicación de los espíritus, la monótona repetición de los mismos cantos (anafora), y el exceso de brevajes estimulantes, excitaban la nerviosidad del indio y convertían á menudo aquellas ceremonias religiosas en aquelarre de gritos histéricos, delirios tumultuosos, colapsos estáticos y entusiasmos frenéticos[286].
Fig. 183.—Instrumento Ceremonial.
No tenían, sin embargo, todos los cultos indígenas este aspecto sombrío y báquico. En muchos de ellos la calma sustituía al frenesí y la violencia; los cantos perdían su carácter bárbaro, decían ritmos suaves y alegres, y los movimientos de los devotos se hacían pausados y hasta gráciles. Como en los ritos griegos de Dionysios, el "huaca" divino, el sagrado "manitou" de la tribu, era llevado á través de los campos en procesión jubilosa y solemne, amenizada por las pantomimas grotescas ó dramáticas de los juglares, y terminando casi siempre con un festival ó bullicioso banquete, de que el supuesto comensal divino participaba místicamente[287].
Fig. 184.—Danza del Espíritu (Inspirados).
Los sacrificios.
11.—Esta costumbre de ofrecer á las divinidades una porción selecta de alimento, fué tal vez el origen de los sacrificios que tuvieron al principio carácter de voluntaria oferta, ó acción de gracias á los dioses rendida en alegre é incruenta comensalidad con ellos.