12.—Todas estas ceremonias y ritos se celebraban al principio al aire libre, alrededor de las tumbas de los antepasados ó en determinados lugares considerados como favorita morada de poderosos espíritus (cuevas, grandes piedras, lugares altos). Algunas veces se erigían altares más ó menos groseros y efímeros en los sitios escarpados ó recónditos.
Poco á poco, con el aumento y consolidación en determinados territorios de las tribus horticulturas y sedentarias, fueron perfeccionándose dichos altares y lugares de culto, hasta llegar á convertirse en las imponentes fábricas de los templos Mejicanos é Incásicos, que con su sacerdocio, vestales y complicado ritualismo caracterizan, como más adelante veremos, la cultura social y religiosa de las agrupaciones Aztecas, Mayas y Quechuas[291].
La magia y sus efectos.
13.—La magia salvaje era el arte de conocer y dominar la naturaleza y sus espíritus, y se basaba principalmente en la misteriosa conexión que el indio suponía existente entre todas las cosas (magia contagionista), en el convencimiento íntimo de que "lo semejante afecta á lo semejante", de que la relación casual de las ideas equivale á la relación causativa de los hechos (magia homeopática), y sobre todo, en la soberbia é ilusoria pretensión de subyugar los poderes naturales y sobrenaturales con encantos, evocaciones y sortilegios (magia sobrenatural)[292].
Esta degeneración del sentir religioso, tan antigua como el hombre, y acaso la más duradera y fatal de las ilusiones de su orgullo, formaba parte integrante de la vida salvaje, penetraba en la familia, en la sociedad y en el culto, y lo mancillaba todo con su deletéreo contacto.
La magia para el Indio Americano era medio, llave, medicina, religión y ciencia. Se practicaba en todas las tribus y tenía en todas sus iniciados, sus sociedades secretas, sus ceremonias, talismanes, filtros, prestigios y presagios.
Su moral era egoísta y brutalmente utilitaria. Sus prácticas extrañas y crueles. Tiranizaba y sacrificaba á los débiles, emponzoñaba á los fuertes, adulaba las más bajas pasiones y favorecía el canibalismo y los vicios sexuales más abyectos[293].
Fig. 186.—Sacerdote Peruano (Alfarerías Incásicas).
Más que las enfermedades y la guerra contribuyó la magia á la despoblación de la primitiva América. Sus sociedades secretas ejercían en las tribus un efecto depresivo y terrorífico, y formaban en aquellas agrupaciones como una atmósfera de desconfianza general, que impedía todo progreso. La debilidad era un crimen. Sólo los más fuertes, los que se consideraban iniciados ó poseedores de poderes mágicos (orenda), el jefe militar cruelísimo ó el hechicero tenebroso, se destacaban entre sus semejantes. Los demás debían permanecer durante siglos en la desoladora igualdad de una barbarie misérrima.