Fig. 187.—Iniciación de un adivino Caribe (Laffittau).

Y este importantísimo hecho de la historia de las tribus indígenas surje con mayor claridad entre los de más avanzada cultura (Aztecas, Chibchas, Incas, etc.), que fueron precisamente las más inficionadas por el venenoso virus mágico, las más entregadas á la antropofagia, al infanticidio y á las prácticas nefandas, las más dominadas por estas misteriosas aberraciones del espíritu humano, que determinaron el fin de su evolución cultural, su desfallecimiento y su suicidio[294].

Sacerdotes y hechiceros.

14.—Antes de abandonar esta interesante materia, diremos algunas palabras sobre los sacerdotes y hechiceros indígenas[295], intermediarios obligados entre el hombre y los espíritus, agentes de sus soñados dioses y terribles intérpretes de sus preceptos. En todas las tribus Americanas pululaban estos supuestos taumaturgos, conocidos, según las regiones, con los nombres de "shamanes", "angakuks", "piayes", "alexis", "mohanes", "pagés", etc., etc. Combinaban muchos de ellos el fervor del convencido con la astucia del hipócrita; eran los más prestidigitadores y charlatanes (jongleurs) habilísimos, y los individuos de sus respectivas tribus les consideraban capaces, "per se", ó por medio de su númen, pithon ó manitou, de regir los fenómenos atmosféricos, transformarse ó hacerse invisibles, predecir lo futuro, curar enfermedades ó producirlas con maleficios, y de realizar, en fin, como los magos antiguos ó los brujos medioevales, toda clase de portentos y prestigios. Eran, en general, para el indígena seres extraordinarios y sin limitación espiritual alguna, que gozaban en la tierra de todos los atributos y facultades sobrenaturales de las divinidades míticas.

Fig. 188.—Extasis en la Danza.

Tenían, por consiguiente, en las tribus poderosísima influencia, de la que usaban y abusaban con fines casi siempre perversos. Fueron los representantes genuinos de su raza, los depositarios de sus tradiciones, los inspiradores de su fanatismo. Enemigos naturales del Europeo, y en especial del catequista, obstaculizaron tenaz y ferozmente la propagación del Cristianismo en América.

Como los fakires de la India, hacían, en general, los adivinos Americanos vida de mortificación y retraimiento. Sin motivos especiales, ningún profano podía penetrar en sus chozas, consideradas sagradas, como su persona y pertenencias.

Los poderes mágicos y secretos medicinales del "shaman" ó nigromante, pasaban en general á sus hijos ó discípulos, cuya iniciación mágica era objeto de complicadas ceremonias simbólicas (ritos de paso).