Se organizaban en hermandades secretas, siempre temidas, misteriosas é influyentes, que decían cábalas, fabricaban bebedizos y filtros mágicos, sabían de tremendos maleficios y usaban un lenguaje especial y esotérico[296].
La medicina.
15.—Los sacerdotes y hechiceros fueron los primeros médicos Americanos. Si prescindimos del uso indígena de algunas yerbas especiales prescritas por curanderos rutinarios ó sociedades medicinales más ó menos empíricas, la noble ciencia de la medicina estuvo involucrada con las ideas y prácticas mágico-religiosas del Indio. En virtud del dominio que el hechicero decía tener sobre los espíritus, podía expulsarlos del cuerpo del enfermo, haciendo con ello desaparecer la dolencia. Danzaba el mago ante el paciente al son del atambor y la flauta mágicos; cantaba sus medicinales conjuros y mortificaba al dolorido con toda clase de manipulaciones, untos, brujerías y pócimas.
Si el enfermo curaba, fuese por causas naturales ó por efecto de la sugestión hipnótica, el shaman crecía en su predicamento é importancia; si se moría, fácil era para el médico-brujo disculpar el fracaso de sus ensalmos, bien alegando la enemiga de su númen con otros espíritus, bien suponiendo maleficios de magos adversos y de "medicina" más potente[297]. Como ya dijimos, la credulidad del indígena no tenía límites, y sus hechiceros eran hábiles para explotarla.
Fig. 189.—Sacerdote Mejicano (Escultura Azteca).
Muchos de los pretendidos portentos de los hechiceros Indios pueden atribuirse á supercherías más ó menos hábiles, ó explicarse por la fascinación que ejercían sobre sus crédulos espectadores ó víctimas; pero hubo algunos hechos, históricamente comprobados, verdaderamente extraordinarios é inexplicables[298].
Religión y cultura.
16.—Los límites de nuestro estudio no nos permiten detenernos á examinar extensamente el complejo y difícil problema histórico de la influencia de las religiones de América en la evolución cultural de sus tribus. Afirman muchos etnólogos que las religiones llamadas primitivas obstaculizan en absoluto todo progreso. Los antiguos misioneros y cronistas anatematizan como demoniacos los elementos todos de las religiones indígenas.