La cultura de estas tribus es muy semejante á la descrita de la región de los Pueblos. La evangelización de las aldeas de los Pimas (Pimería alta y baja) por el extraordinario y apostólico P. Kino es uno de los episodios más brillantes de la historia de la Compañía de Jesús en América[343].

Los "Tarahumares" y "Huichols" fueron tribus tranquilas, laboriosas y sedentarias, que conservan hasta hoy la mayoría de los ritos, costumbres y creencias mágicorreligiosas que estudiaron en sus rancherías los misioneros de los siglos xvii y xviii[344].

Fig. 228.—Ruinas del Palacio de Chichen Itza (Yucatán).

La Confederación Azteca.

4.—Entendemos por tribus Aztecas, Nahuatl ó Mejicanas los de la familia Uto-Azteca, que hablaban la lengua Nahualt. Ocupaban estas tribus la cuenca del Océano Pacífico y regiones montañosas adyacentes, desde el Río del Fuerte, en Sinaloa (26° lat. Norte), á las fronteras actuales de Guatemala, excepto una pequeña parte del Itsmo de Tehuantepec Las agrupaciones más poderosas de esta familia lingüística formaron en la meseta del Anahuac, la célebre Liga ó Confederación Azteca, llamada comúnmente Imperio de Montezuma ó Mejicano. Componían esta Confederación las tres poblaciones de Tenochtitlan ó Méjico, Tlacopan y Tezcuco, con sus territorios propios y los de sus tributarios. La capital de la Confederación y el asiento de su Gobierno estaban en Tenochtitlan, situado estratégicamente en el centro de uno de los lagos (Tezcuco), del estupendo valle de Méjico, que circundan las elevadísimas y volcánicas cumbres del "Popocatepetl" ó "montaña que humea" y el "Ixtaccihuatl" ó "mujer que duerme"[345]. A semejanza de los Confederados Iroqueses, los Mejicanos tenían obligación de ayudarse mutuamente en sus guerras, de cuyo botín pertenecía una quinta parte á Tlacopan y cuatro quintas á Méjico y Tezcuco.

Fig. 229.—Ruinas de Mitla.

Reducida al principio la Confederación á los límites del valle de Méjico, traspasó bien pronto sus escarpados baluartes, y al principio del siglo xvi, años antes de la Conquista Española, alcanzaban sus dominios hasta Nicaragua por el Sur y desde el Mar Pacífico hasta el Atlántico[346].

No corresponde á nuestro elemental estudio el dilucidar críticamente las incertidumbres y oscuridades del origen é historia precolombiana de los Aztecas, ni mucho menos la de sus antepasados, Toltecas, Chichimecas, etc., cuya existencia misma es discutible y cuyo pasado se esfuma entre las nieblas prehistóricas.