La "Expedición al Desierto", del dictador Rosas (1833), debilitó un tanto los salvajes bríos de estos indios; pero volvieron bien pronto á asolar los territorios de la República, hasta que el general, J. A. Roca y sus esforzados compañeros Villegas, Lavalle, Winter, Lagos, etc., merced á habilísimo plan de combate, y después de años de fatigas abnegadas (1874-1885), consiguieron aniquilar el feroz poderío de los principales caciques, izar la Bandera Nacional en los últimos baluartes de su irreducible barbarie, y abrir en consecuencia miles de leguas de feraces y hermosísimos campos á su actual estado de civilización y progreso[419].

Los indomables Araucanos, como los llamó Ercilla, ó Mapuches (hombres de la tierra), como ellos mismos se llamaron, ocupaban en el siglo xvi la mayor parte del territorio de la República Chilena, desde la actual provincia de Coquimbo á la de Chiloé inclusive (29° á 45° lat. Sur). Divididos localmente en tribus del Norte, del Sur, etc. (Picunches, Huiliches, etc.), hablaban todos dialectos de la misma lengua (Chilidegu), exageradamente alabada por algunos, pero indudablemente suave, harmoniosa, flexible y apta para la oratoria, á que tan aficionados eran aquellos guerreros. Hasta hoy se habla esta curiosa lengua por cerca de cien mil individuos de raza indígena pura, que habitan en la comarca Chilena del Arauco.

Fig. 278.—Caribe (Guayanas).

Son las tribus Mapuches célebres en la Historia Americana por sus épicas luchas con los conquistadores Incásicos (Huayna Capac, Tupac-Yupanqui) primero, y con los Españoles más tarde, y alcanzaron un grado de cultura indiscutiblemente superior al de sus afines de las Pampas[420].

Vivían los Mapuches en chozas (rucas) de madera ó paja, muy separadas entre sí, y formando rancherías ó pueblos (lov) á la orilla de los ríos y arroyos. En cada ruca vivía una familia; predominaba el patriarcado, y la condición de las mujeres era inferior y penosa. Cultivaban éstas la tierra (maíz, patatas, etc.), tejían durables mantas (chamales), fabricaban ollas y cestos, y desempeñaban en general todos los duros menesteres de la vida bárbara, en tanto que sus maridos, hijos ó hermanos, cazaban, pescaban ó preparaban sus continuas expediciones de guerra.

Fig. 279.—Mapa del Gran Chaco del P. José Jolis (1789).

Tenían los Araucanos jefes supremos y secundarios de paz y de guerra. La autoridad de tales jefes (toquis), casi siempre hereditaria, estaba limitada por el Consejo, y los usos y costumbres tribales (ad-mapos). Los brujos y curanderos eran consultados y temidos. Ante la ruca de las hechiceras (machis) se construían altares (rehué) donde sacrificaban animales y hombres á los manes ú otros espíritus (pillan). Por lo demás, los Mapuches eran muy aficionados á fiestas, juegos (uño) y danzas. La embriaguez y otros vicios más vergonzosos corroían sus agrupaciones. Eran versátiles, crueles en extremo, astutos, orgullosos, incansables en la lucha y antropófagos por venganza. Según antiguos cronistas, superaron á los demás indígenas de Sud-América en valentía, táctica y arrogancia. Resistieron en efecto durante siglos al formidable empuje de los soldados españoles, y pasaron á la posteridad como héroes de epopeya clásica[421].