Fig. 298.—Tiaguanaco.

La política de los Incas fué absorbente en extremo. Cimentado su poder en los alrededores del Cuzco, fueron paulatinamente subyugando las tribus cercanas, ya ofreciéndolos pacíficamente las ventajas de un supuesto gobierno paternal y próvido, ya lanzando contra ellas miles de guerreros que las sometían á fuego y sangre. El Inca Ccapac Yupanqui completó la conquista de los «ayllus» Quechuas; Uira-cocha anexionó á sus dominios el de los Aymarás; Pachacutec-Yupanqui ("el que cambia el mundo"), héroe favorito de las tradiciones Incásicas, avasalló los territorios del «Gran Chimu»; su sucesor, Tupac-Yupanqui, dominó á los Quitus y Yuncas, llegando con sus soldados hasta las inmediaciones del Maule (34°), y su hijo, Huayna Ccapac, consolidó la ocupación del Norte de Chile, y después de encarnizados combates ahogó en sangre la rebelión de los Quiteños, cuyos indómitos «scyris» ayudaron más tarde al usurpador Atahualpa á deponer y asesinar á su hermano Huascar (Inti-cusi-Hualpa), último jerarca independiente de la célebre dinastía de los Incas.

En esta época (1523) se extendía el Imperio Incásico desde Popayán hasta el Maule; estaba dividido en cuatro regiones, la del Norte ó Chinchay-suyu, la del Este ó Anti-suyu, la del Oeste ó Cunti-suyu y la del Sur ó Colla-suyu, correspondiente á los cuatro puntos cardinales de la ciudad del Cuzco, y se designaba en conjunto con el nombre de Ttahuantin-suyu, ó las cuatro provincias juntas[447].

La Religión Incásica.

10.—Vimos en capítulos anteriores que los Incas, y en especial las clases privilegiadas, adoraron al Viracocha como Creador Supremo y deidad misteriosa, subordinando á este Sér Superior las demás divinidades en que creyeron[448]. Fueron éstas idénticas en su esencia á las animistas y astrolátricas del resto del Continente. Idolatraron en general los Peruanos ciertos objetos sagrados (huacas), probables representaciones ó vehículos del «paccarina» ó divinidad peculiar y totémica de cada linaje (ayllu). El «paccarina» principal del privilegiado y dominante «ayllu» Incásico, fué el Sol, y de aquí que los soberanos y su casta se dijeran unidos á él con estrecho vínculo de mítico parentesco y procuraran imponer en los territorios que subyugaban el esplendoroso culto de su divino antecesor y padre. Los «paccarinas» de los demás linajes eran, como en toda América, animales, fenómenos y objetos naturales, momias, etc., etc. Cada «ayllu» tenía su «paccarina», al que rendía especial acatamiento, y cada familia una serie de ídolos ó fetiches de barro, piedra ó metales preciosos (huacas ó conopas) relacionados directamente con los objetos y fenómenos naturales que influenciaban su vida diaria[449].

Fig. 299.—El camino alto de los Incas (Helps).

El manismo y la creencia firme en la vida de ultratumba predominaba en todas las tribus. La huaca de cada Inca se guardaba con su momia (malqui) en suntuosos sepulcros (huacas, tolas, chulpas), que se convertían por ello en lugares sagrados, donde el alma del muerto se veneraba y servía con especialísima pompa[450]. No eran menos grandiosos los templos dedicados al Sol y demás divinidades astrolátricas en todas las provincias del Imperio. Fueron los más notables el de Coricancha, en el Cuzco; el de Pachacamac, en el valle de Lurin; el de Rimac, cerca de Lima[451], y los de Vilcas, Huanuco y la isla de Titicaca. Las paredes y cornisas del de Coricancha estaban chapeadas de oro, de oro eran los objetos del culto, y en la pared de Occidente, y esculpida en una plancha de oro bruñido, fulguraba la imagen del adorado astro[452].