Fig. 300.—Ruinas en el Lago Titicaca.
El Sacerdocio y el culto.
11.—Los variados ritos y ceremonias religiosas de los Peruanos estaban relacionadas con el curso del Sol y el cultivo de los campos. El año (huata) estaba dividido en doce meses (Quillas) lunares, entre los que se repartían once días (allca-canquis), para completar así el año solar, que empezaba el 22 de Junio. Además de los festivales extraordinarios, correspondía á cada mes del año uno especial y como de rúbrica. Los más solemnes eran los de los solsticios y equinocios que se observaban y fijaban cuidadosamente. En todos ellos se sacrificaban y quemaban llamas, alpacas, etc., y en ocasiones excepcionales (grandes victorias, conflictos extremos, etc.) se sacrificaban también niños y niñas estrangulándolos y arrojando sus cuerpos á las piras propiciatorias[453].
Fig. 301.—Hechicero ensalmando (Isla Santo Domingo).
En la fiesta del equinocio de otoño (mosoc-nina, fuego nuevo) se renovaba el fuego sagrado, conservado el año entero por las célebres vestales ó vírgenes del Sol (aclla-cuna), que vivían recluídas en monasterios adjuntos á los templos astrolátricos, gobernadas por las mama-cunas ó matronas, cociendo tortas rituales (zancu), fermentando chicha, ó tejiendo para su esposo, el Sol, ó para el Inca, finas telas y mantas. Hacían voto de castidad, y eran sepultadas vivas si osaban violarlo; pero claro es que el Inca, como encarnación del Sol, podía elegir de entre ellas sus concubinas y aun cederlas graciosamente á los miembros de su familia ó casta[454].
Además de las vírgenes del Sol, servía y reglamentaba los cultos Incásicos una numerosa casta jerárquica de sacerdotes, magos, adivinos, sacrificadores, ermitaños, etc., á cuya cabeza estaba el «Villac-Unu»(cabeza que habla), miembro de la familia imperante, hechicero privilegiadísimo, intérprete consagrado de la palabra del Sol, jefe del Consejo de su tribu y segunda persona del Imperio[455].
Fig. 302.—Bajo relieve del Sol (Habana).