Los Amautas.

12.—El «Villac-Unu» y sus subordinados guardaron secreta la pretendida clave de lo mágico religioso, que reputaban ciencia divina; pero felizmente no fueron como los sacerdotes Aztecas y Mayas, representantes únicos de la intelectualidad de su pueblo. Al lado de esta falsa ciencia surgió en el Perú el humanismo de los Amautas ú hombres sabios[456]; surgieron los poetas, los cantores y recitadores de historias que, sin pretensiones hieráticas, conservaron y en parte nos legaron los ingenuos decires de los Incas. Conocemos muy poco el verdadero carácter de este curioso alborear literario. Careciendo los Incas de escritura, sólo pudieron transmitir á la distancia sus ideas por medio de los quipus ó cuerdas con nudos de varios colores y tamaños, instrumento necesariamente limitado y puramente mnemónico, que si bien no logró alcanzar la perfección representativa que le conceden algunos autores[457], pudo muy bien, ayudado por la tradición oral, perpetuar censos, leyes, sucesos históricos y aun composiciones poéticas y salvar del olvido los amorosos y melancólicos yaravies de los bardos Incásicos, varios diálogos y escenas de sus composiciones dramáticas, y algunos argumentos de sus cantares legendarios y heroicos.

Fig. 303.—Bloque de granito tallado (Rodadero).

Fig. 304.—Los Quipus.

El arte curativo de los Peruanos estuvo también en manos de sus Amautas, que usaron empíricamente ciertas plantas medicinales (descubiertas por la casta ó sociedad medicinal de los Charasanis ó Calahuayas) y fueron además cirujanos audaces y hábiles[458].

Gobierno Incásico.

13.—Y estas fueron las únicas manifestaciones libres de las actividades psíquicas del Indio Peruano. Todo lo demás estuvo concentrado en el Inca, foco y resumen de lo científico, lo religioso y lo mágico, corazón y mente de su pueblo, dios-rey, señor soberano y único (Sapullan-Inca), "amigo de los pobres" (Huaccha-Cuyac) y jefe supremo de los guerreros. Sus atavíos deslumbraban; sus insignias (borla, llautu, suntu-paucar ó gorro, etc.) eran sacratísimas; los utensilios de su morada eran de oro; cuanto se rozaba con su persona era destruído ó aislado, y hasta los más altos personajes llevaban una carga sobre los hombros en señal de homenaje cuando comparecían en su presencia. Se tenía especial cuidado de conservar puro su linaje solar, y su única esposa legítima (Ccoya) debía ser hermana suya de padre y madre. Entre los hijos de esta unión incestuosa podía el Inca, de acuerdo con su Consejo, elegir y «dar la borla» al que creía más apto para sucederle. Si moría sin sucesión legítima ó sin haber designado heredero, sus hijos naturales y los demás miembros del Consejo de su linaje elegían y «daban la borla» á aquel de los hermanos del muerto que consideraban más hábil para desempeñar el elevadísimo cargo.