La parcelación, adjudicación, etc., se hacía anualmente por ciertos funcionarios imperiales (Runay-Pachaca) que tomaban buena nota de los productores de cada provincia, sus aptitudes y carácter, comunicándoselo al Virrey (Ccapac ó Tacuyriroc), para que á su vez informara ante el Inca[465].
Fig. 310.—Fortaleza de Sacsahuaman (Cuzco).
Las disputas entre las familias, chuncas, etc., y los delitos de sus individuos, se dirimían y castigaban por jueces especiales y muy respetados. Las sentencias no tenían apelación y las penas eran severísimas[466].
Si algún «ayllu» disminuía en su número por razón de guerra, pestes ú otras involuntarias, era también deber de dichos jueces, levantar contingentes en los «ayllus» vecinos para reponer en lo posible las pérdidas del damnificado.
Reglamentación del trabajo.
16.—La ociosidad estaba en absoluto proscrita del Imperio Incásico. No se consentía que ninguno fuese haragán y anduviese hurtando el trabajo á otros, ni había en esto diferencias entre el pueblo y la casta imperante. El poder central ó sus lugartenientes, distribuían el trabajo según las circunstancias. Tal distrito, daba los mejores alfareros; tal otro, los orfebres más hábiles. El obrero recibía del gobierno la materia prima, no estaba sobrecargado de tareas y era atendido con solicitud cuidadosa. Ninguno que no fuese casado podía, por ejemplo, trabajar en las minas, "para que las mujeres le aderezasen el mantenimiento", y en todos los trabajos rudos había establecidos turnos (mita) por los que de tiempo en tiempo entraban unos trabajadores y salían otros[467]. La división del trabajo, fuente de todo progreso industrial, era insignificante ó nula. Aunque á veces se consultaban las aptitudes de los individuos destinándoles preferentemente á los trabajos que mejor desempeñaban, en general no había separación de artes ú oficios. Los hombres, las mujeres y hasta los niños aprendían de todo y trabajaban en todo. Como se trabajaba para la comunidad, las iniciativas individuales no tenían objeto. La industria aumentaba pero no progresaba. Los Incas, en resumen, no estuvieron industrialmente organizados, sino industrialmente ocupados. Fueron soldados sumisos de un ejército igualitario, cuidado como se cuida un rebaño que alimenta y produce, y sometidos á una disciplina estricta[468].
Fig. 311.—La piedra de Chavín.