Fig. 312.—Indio Peruano (Región de los bosques).

Tributos y forma de recolectarlos.

17.—Independientemente del producto de las tierras y del oro y plata de las minas tributaban los «ayllus» maíz, quinua, chuño, mantas, vestidos, armas, etc. Se les imponían también pechos y derramas extraordinarias cuando así lo exigían las necesidades del Imperio. Los tributos se pagaban sin dificultad y se recolectaban sin exacciones. En los que se entregaban en especie nunca se tomaba más de lo justo, y se eximía de los pechos á los que sólo tenían un hijo ó hija. En días determinados comparecían los principales curacas de los valles ante el Inca, proponiendo la necesidad ó hartura de sus territorios é informando en justicia si el tributo era poco ó mucho. Sabiendo el Inca que no mentían, tenía muy en cuenta sus manifestaciones; pero si había cautela hacía gran castigo y acrecentaba el tributo. Llevábase, además, en el Cuzco exacto censo de la población del Imperio, reuniendo las estadísticas anuales de nacimientos y fallecimientos, que los valles mandaban al Inca, registrados en sus quipus. Y en todo esto había gran certidumbre y nadie tramaba fraudes ó engaños. La proporcionalidad estricta de los tributos y la facilidad con que se satisfacían, mantuvieron sumisos á los tributarios, convirtiéndoles poco á poco en ruedas de una gran máquina, ó piezas de un gran tablero de ajedrez manejadas hábilmente por la privilegiada casta de los Incas[469].

Arquitectura.

18.—La organización del trabajo que dejamos apuntada nos explica la ciclópea grandeza de los edificios Incásicos, que nos asombran precisamente por la cantidad de gente y trabajo que su construcción representa. Las piedras de los muros aparecen concertadas con admirable justeza. Los bloques se traían de distancias increíbles. No nos compete el estudio detenido de estas ruinas. Algunas de ellas, como las del Cuzco, Ollantaytampu, Huanuco el Viejo, etc.; las chulpas de Sillustani y del Collao, y las sepulturas de todo género dispersas en estos territorios son de grandísimo interés para los arqueólogos. Nada tenía esta arquitectura de verdaderamente artístico. Casi todos los techos eran de paja ó madera, las ventanas raras, las puertas pequeñas y las habitaciones sin comunicación entre sí. No había, ni aun en los templos y palacios mismos, columnas, arcos ni empalmes, y su sencillez, su simetría y sólido trabajo reflejaban el carácter y curiosa composición del edificio político de los Incas[470].

Fig. 313.—Pila del Inca.

Agricultura y ganadería.

19.—El sistema administrativo del Perú contribuyó, sin duda, al desarrollo de su agricultura. Ni un solo pedazo de tierra cultivable dejó de aprovecharse. Se irrigaban los desiertos de las costas y se construían en las montañas terrazas altas como las de la célebre «Andenería», del valle de Vilcamayu. Estas terrazas ó Andenes se hacían escalonados y se fertilizaban con vías de agua, que arrancaban de lo alto de las montañas. Tanto estos canales como los de las costas eran las más de las veces de considerable longitud y tamaño. Ya cortados á pico en la montaña, ya sostenidos con mampostería ruda, ya formando túneles, regaban perfectamente los campos. Los turnos de riego eran rigurosos. Cada tupu ó parcela recibía la cantidad de agua que necesitaba. Otro tanto sucedía con el guano y demás abonos, repartidos, como el agua, equitativamente. El resultado de estos inteligentes trabajos fué notabilísimo. Los Incas recogieron las más hermosas cosechas de patatas y maíz conocidas en el mundo. Las de algodón fueron excelentes, y abundantísimas las de coca, aji, quinua, etc.[471].