Los Turcos Otomanos.

8.—Al finalizar la Edad Media, las tierras y costas frecuentadas por los comerciantes Europeos, sufrieron cambios políticos que hicieron impracticables las rutas que dejamos apuntadas. Surgieron avasalladores los Turcos Otomanos, y sus feroces caudillos rindieron en poco tiempo y á sangre y fuego hasta Constantinopla y el Bósforo. Sus sanguinarias huestes saquearon ó destruyeron los fondachis, asesinaron ó esclavizaron á los mercaderes y arrebataron el dominio comercial del Mediterráneo á Venecia y á Génova, que pretendieron oponerse á sus devastadores avances. Todos los caminos comerciales entre el Asia y Europa cayeron bajo su tiránico y bárbaro dominio, y los métodos de cambio, los medios de transporte, el sistema comercial entero que traía á Occidente las riquezas del Oriente, quedó interrumpido y aniquilado.

La demanda de tales riquezas persistía y aumentaba. La consolidación de las Monarquías feudales hizo á las naciones Europeas del siglo xv más ricas y prósperas; avivó en sus potentados el afán de lujo y adorno, y acrecentó su deseo de adquirir los codiciados productos del Asia. Se hizo necesario por ello encontrar nuevos caminos para llegar á la India, nuevas vías comerciales que permitieran al Occidente reanudar su activa comunicación con los mercados Orientales[482].

Fig. 328.—El cosmógrafo Martín Behaim.

La Geografía medioeval.

9.—Hasta la mitad del siglo xiii, el conocimiento de tierras y mares de la generalidad de los estudiosos no era mayor que el de los Griegos y Romanos del siglo i.º Las obras de Ptolomeo y Pomponio Mela, eran artículo de fé para los geógrafos de la Edad Media. Ni las visitas de Arabes é Judíos al Oriente, ni las Cruzadas mismas que se desarrollaron en territorio restringido, aumentaron tales conocimientos. El Océano Atlántico (mare tenebrosa) era el nebuloso y terrífico límite del mundo. Creían los ignorantes que el agua hervía en el Ecuador, y que los pavorosos dragones, monstruos y endriagos del mar ignoto, tragarían sin remedio al que osase surcarlo. La idea misma de la esfericidad de la tierra, familiar desde los tiempos de Aristóteles á todos los hombres de cultura, se desconoció por el vulgo de la Edad Media. Los navegantes y cosmógrafos, los hombres como Dante y Colón, no dudaron jamás de tal esfericidad; pero teólogos hubo que, interpretando á su antojo bíblicos textos, la pusieron en tela de juicio. El mundo habitable para la Edad Media se reducía á los tres continentes de Europa, Asia y Africa, que formaban una masa contínua y extendida en parte del globo. El resto del mismo se juzgaba cubierto de mares de navegación imposible. Los tres continentes no se conocían totalmente, y sobre mucho de lo conocido ó explorado sólo se tenían ideas vagas ó fabulosas y erróneas. Los pocos mapas que existían estaban basados en tradiciones y leyendas. Eran códices ilustrados y caprichosos, repletos de tradiciones y referencias literarias, meras descripciones sentenciosas sin justeza alguna geográfica. La revolución intelectual que había de desarraigar estas equivocaciones y prejuicios, fué iniciada y favorecida por el Renacimiento Italiano, continuada por los Portugueses y coronada por el descubrimiento de América[483].

Fig. 329.—El Imperio Veneciano y sus factorías comerciales (siglo xv).