El Cabo de Buena Esperanza.

15.—El espíritu investigador del Gran Príncipe Enrique no se extinguió con su muerte (1460). La obra iniciada en Sagres fué continuada en los reinados de Alfonso V y Juan II con creciente empeño. En el año 1472 Juan de Santarem y Pedro de Escobar cruzaron el Ecuador desde las costas de Guinea; tres años más tarde descubría Fernando Póo, la isla de su nombre; en 1484 llegaba Diego de Cam á la embocadura del Río del Congo, y en 1485 hasta el grado 22 latitud Sur. Arraigaron estos viajes la convicción geográfica de que navegando hacia el Sur, y á lo largo de las costas de Guinea, se llegaría al fin de la tierra africana y se erigieron en los puntos descubiertos pilares representativos de la posesión é indicadores de las etapas sucesivas del camino á la India.

Fig. 337.—Buque Veneciano (siglos xiv-xv).

Finalmente, en 1486, Bartolomé Díaz partió de Lisboa y dobló la extremidad meridional del Africa. Adelantóse hacia el Oriente, pero su tripulación sublevada rehusó seguir adelante. Bartolomé Díaz tuvo que retroceder. Por las tempestades sufridas en la punta Africana, la puso el nombre de Cabo Tormentoso. D. Juan II, al oir la relación del viaje de su Capitán, cambió tan siniestro nombre por el de Cabo de Buena Esperanza. El suceso conmovió á Portugal y fué inmortalizado por sus poetas. Se había encontrado el ansiado paso que conducía á Cathay y á la India, la ruta marítima hacia el Oriente, que los viajes posteriores de Vasco de Gama (1496), y Alburquerque (1563), abrieron al comercio mundial[488].

Fig. 338.—Descubrimiento de los Portugueses en Africa (siglo xv).

Resultados de estos descubrimientos.

16.—Los resultados políticos y geográficos de estas exploraciones no se hicieron esperar. La extensión de las tierras descubiertas, el oro que en pequeñas cantidades trajeron de ellas algunos navegantes, y acaso los beneficios del naciente tráfico de esclavos negros, cuyo futuro y cruel desarrollo no pudo Enrique el Navegante alentar, y menos preveer, determinaron al Pontífice Eugenio IV á conceder á los Monarcas portugueses el dominio de las tierras que más allá del Cabo Bojador (con inclusión de las Indias) descubrieran.

Desarrollaron, por otra parte, estos viajes, la navegación y la ciencia geográfica. Las embarcaciones portuguesas (barca, barinel, nao, berganttín, etc.) y en especial las carabelas de velas latinas, preferidas por sus condiciones marineras para viajes difíciles, fueron las mejor construídas y equipadas de su tiempo. Los pilotos, cosmógrafos y cartógrafos de Sagres y Lisboa, tanto portugueses como extranjeros, perfeccionaron los instrumentos náuticos conocidos y construyeron portolanos notables. Los monjes del monasterio Murano de Venecia (Fra Mauro, Fra Bianco, etc.), dibujaron, por orden y á expensas del Príncipe Enrique, el célebre mapa Camaldolese, acaso el más completo de su época. El sabio cosmógrafo alemán Martín Behaim, miembro durante años de la "Junta de Matemáticos" del Rey Juan II, introdujo en Portugal las célebres tablas astronómicas (efemérides), impresas años antes en Nuremberg, y construyó su afamado globo terráqueo. Las ideas de Ptolomeo y Pomponio Mela sobre la conformación de tierras y mares, cambiaron radicalmente[489].