Fig. 345.—Vista general de la Alhambra de Granada.

En 1487, habiendo quedado vacante el Maestrazgo de Calatrava, se presentó de improviso el rey Fernando en el Capítulo, y obligó á dicha asamblea á elegirle Gran Maestre. En 1494 el Gran Maestre de Alcántara renunció el cargo en el mismo rey Fernando, siendo nombrado, en cambio, Arzobispo de Sevilla. Al morir el Gran Maestre de Santiago se hizo elegir el Rey para el cargo, y poco después dictó Isabel un decreto declarando el Maestrazgo de las Órdenes militares anexo para siempre á la Corona real, con lo que acumuló rentas principescas, suprimió el peligro de sublevaciones y turbulencias, é hizo volver á su Corona todas las tierras, beneficios, castillos, aldeas, etc., con que la piedad y el espíritu caballeresco y guerrero había dotado durante siglos á las poderosas Órdenes[494].

Fig. 346.—Toledo. San Juan de los Reyes.

La guerra de Granada.

8.—Una vez pacificado el reino y consolidado el trono pudieron los Reyes Católicos dedicar todas sus energías á la anhelada obra de la Conquista de Granada, último baluarte de la dominación mahometana en España. Hacía largo tiempo que los reyes de Castilla y Aragón no hacían progresos notables en la antigua y patriótica empresa de reconquistar el país ocupado por los moros. Las fronteras musulmanas eran casi las mismas que las definidas siglos antes, por el rey Fernando el Santo. Los moros se habían acostumbrado á despreciar al cristiano, y aprovechando las debilidades de los monarcas, y el turbulento estado de Castilla, penetraban á menudo en sus términos, llevándolo todo á fuego y sangre. Los Reyes Católicos decidieron terminar de una vez por todas una guerra que duraba ya setecientos años.

Difícil se presentaba la empresa, pero el espíritu de Isabel infundió en todos el fuego sagrado del amor á la gloria: organizó ejércitos, formó planes de campaña, y reunió, con firme y decidida constancia, poderosos aprestos bélicos.

Granada, la ciudad querida de los moros, centro y principal asiento de su dominio, fué sitiada por Isabel y Fernando y á pesar del rigor de la estación, del fuego que abrasó el campamento cristiano, y del valiente furor de los defensores agarenos, Granada se rindió y en las torres de su Alhambra se enarboló el pendón de Castilla, cesando para siempre en España la dominación mahometana[495].

Judaizantes y conversos.

9.—Era imposible que monarcas tan previsores y políticos como Isabel y Fernando dejasen de afrontar, según su criterio, las cuestiones religiosas que agitaban la España del siglo xv. Según las ideas de la época todo elemento racial ajeno al español y todo elemento heterodoxo, debían desaparecer. Junto á la población cristiana no podía vivir otra de religión distinta sin grave peligro para la primera.