Los años posteriores á este matrimonio forman en la historia Colombina un período importantísimo, pues si su pensamiento de navegar la parte desconocida de los mares que se extienden entre Europa y las Indias, y conocer en toda su extensión la redondez de la tierra, había nacido en su alta inteligencia mucho tiempo antes, es indiscutible que en Lisboa adquirió tal pensamiento mayores proporciones y se convirtió en proyecto formal, práctico y demostrable[505].
Colón y Toscanelli.
4.—Por tal lo reputó el sabio físico Florentino Pablo Toscanelli, á quien Colón consultó sus planes, exponiéndole con toda claridad las dudas que aún abrigaba sobre la viabilidad de su empresa. Toscanelli remitió á Colón, como contestación de su consulta, una carta que había escrito (1474) al Canónigo de Lisboa Fernán Martínez, amigo y familiar de Don Juan II, sobre lo posible y fácil que en su sentir era encontrar el país de las especias, siguiendo el derrotero que Colón indicaba. Volvió Colón á escribir á Toscanelli recibiendo nueva respuesta, con un mapa aclaratorio, en la que le daba mayores seguridades aún que en la primera estimulándole á emprender cuanto antes el viaje. Aunque la autenticidad de esta correspondencia ha sido puesta en duda por algunos historiadores, la opinión general acepta su existencia y no cabe duda que, si bien no dió á Colón sobre el Oriente y el Océano Atlántico, más datos que los que ya tenía en las obras de Ailly y Marco Polo[506], fortaleció y definió sus convicciones geográficas.
Fig. 356.—Isla Española (1534).
Don Juan II.
5.—Animado Colón por estas cartas de Toscanelli, y habiendo reunido mayor caudal de observaciones en los viajes que en servicio de Portugal hizo á los mares del Norte (1477) y á las Costa de Guinea (1482), decidió presentar su proyecto al rey Don Juan II, y solicitar su apoyo para ponerlo en práctica. Oyó el Monarca al genial navegante y refirióle al Obispo de Ceuta D. Diego de Ortiz, y á los médicos Maestre Rodrigo y Maestre Joseph (Judío este último) reputados como los más sabios cosmógrafos del Reino. No informaron bien tan calificados sujetos, antes bien, rechazaron como irrealizable el proyecto, tachando á su autor de presuntuoso y visionario. El Consejo Supremo, convocado por el Monarca, tampoco fué favorable á Colón. El rey, sin embargo, no pareció darse por convencido. Con cautela, é inquiriendo cada día más de Colón por intermedio del mismo Obispo Diego de Ortiz, determinó aparejar, prescindiendo del genial solicitante, una carabela y enviarla al Océano con el rumbo por éste indicado. Después de navegar muchos días y leguas sin hallar nada y padecer terribles tormentas, volvieron á Portugal los tripulantes de la referida carabela maldiciendo del viaje y de los proyectos del genovés Colón. Desengañado éste de Portugal y su rey, envió á Inglaterra á su hermano Bartolomé para que sometiera la idea á Enrique VII, y determinó él mismo solicitar el apoyo de la Francia[507].
Fig. 357.—Isla de Cuba (Helps).