Fig. 360.—Universidad de Salamanca.

Preparativos.

9.—Dedicóse en seguida con febril actividad á adquirir y equipar las tres naves de que debía constar la expedición y se asoció con los Pinzón, marinos tan hábiles como valientes, y de autoridad entre la gente de mar de aquella costa, sin cuya ayuda, y á pesar de las cédulas reales, le hubiera sido casi imposible reclutar hombres y obtener buques para su viaje de descubrimiento.

Fig. 361.—El Padre Marchena.

Las dos carabelas, Pinta y Niña, fueron suministradas á la Corona por el pueblo de Palos; la Santa María, perteneciente al piloto Vizcaíno Juan de la Cosa, fué probablemente fletada con el contingente voluntario que dieron los Pinzón. El 2 de Agosto de 1492, la escuadrilla estaba lista para hacerse á la mar provista de víveres para un año. La Santa María era la mayor de todas las carabelas (140 á 180 toneladas) y la única que tenía cubierta. Montábala el Almirante, llevaba en su palo mayor el estandarte de Castilla y en el trinquete la enseña del Almirante (cruz verde sobre blanco). La Pinta llevaba por capitán á Martín Alonso Pinzón, y por piloto á su hermano Francisco. La Niña, que era la menor y más velera, iba mandada por Vicente Yáñez Pinzón. La tripulación total de las tres naves era aproximadamente de ciento veinte hombres[511].

El primer viaje.

10.—El viernes 3 de Agosto de 1492, antes de salir el Sol, zarparon las carabelas Colombinas del puerto de Palos y tomaron rumbo á las Canarias. El día 4, arreciando el viento, se rompió el timón de la Pinta; remedióse esta avería como se pudo, haciéndose en las Canarias otro nuevo. Se detuvieron unos días. En la madrugada del 6 de Septiembre salió el Almirante de la Gomera, proa al Oeste, bajando algo hacia el Sur, para seguir la zona que Marco Polo llevó en su viaje terrestre hasta la China. Hacia el 13 de Septiembre, Colón, que era vigilantísimo, echó de ver que la aguja magnética se desviaba hacia el Oeste, dejando de señalar fijamente á la estrella polar; los pilotos notaron algo después este fenómeno, que alarmó á los navegantes, y del que aún desconocemos en gran parte la causa. Colón los tranquilizó con la invención de una ingeniosa teoría, que al cabo tuvo él mismo por cierta. Muchos pájaros, hierbas, etc., que venían del Occidente, persuadían á los navegantes de que la deseada tierra no podía distar mucho. En fin, á las dos de la madrugada del día 12 de Octubre (1492), un cañonazo de la Pinta dió la alegre nueva. El vigía Triana fué el primero que vió la tierra del Nuevo Mundo[512].

Fig. 362.—El Triunfo de Colón, bosquejado por el mismo.