Juan de Aguado.
8.—Entre tanto, los Reyes Católicos, atendiendo las reclamaciones del P. Boyl, Margarite y sus compañeros, nombraron á Juan de Aguado comisario especial, sin otro encargo que el de examinar escrupulosamente el gobierno y administración de Colón y sus hermanos en Indias. Salió Aguado con cuatro embarcaciones llevando consigo á D. Diego Colón, hijo del Almirante. Llegaron á la Española en ocasión que éste último guerreaba con los indios. Aguado, extralimitándose en sus poderes, no guardó á Colón las consideraciones debidas. Como era natural, la arrogante actitud del Comisionado alentó á los enemigos del anciano marino. Aguado, cuando se consideró con informes suficientes, decidió regresar á España. Colón determinó también acompañarle para explicar en la Corte su conducta. Estando los buques disponibles prontos á zarpar, fueron destrozados por un huracán que se desencadenó sobre la isla. Colón no se arredró y con los despojos del naufragio mandó construir una embarcación que llamó «La Santa Cruz» y fué el primer buque construído en el Nuevo Mundo que cruzó los mares. Hiciéronse á la vela Cristóbal Colón y Diego de Aguado el día 10 de Mayo, quedando al frente del gobierno de la Española D. Bartolomé Colón y D. Diego.
Colón al llegar á Cádiz, sin duda para atenuar la mala impresión que iba á causar en España la llegada de las carabelas cargadas de enfermos, se presentó en público con la barba crecida y vistiendo el sayal franciscano[525].
Fig. 373.—Mapa de Cuba (según Wyfliet, 1597).
Tercer viaje.
9.—No bien supieron los soberanos la llegada del Almirante, le invitaron á pasar á la Corte. Sus argumentos convencieron á los Reyes, pero la escasez de recursos de la Real Hacienda impidió reunir con rapidez los auxilios que solicitaba el descubridor para su colonia. Por otra parte, los informes propagados por los descontentos de la Española, arredraron á todos. Nadie se decidía á emprender el viaje. En Junio de 1497, á instancias repetidas del mismo Colón, dictóse por los Reyes un decreto eximiendo de pena á todo criminal (salvo á los heréticos, falsificadores, etc.) que pasara á Indias. A pesar de esta orden y de la incansable actividad del Almirante, la enemistad de Fonseca y las absorbentes preocupaciones de los Reyes, detuvieron dos años los aprestos de la tercera expedición á Indias. Armóse por fin con cuatro naos y dos pequeñas carabelas, que pilotadas por Colón mismo salieron de Sanlúcar de Barrameda el día 30 de Mayo de 1498. Siguiendo las indicaciones del lapidario Jaime Ferrer, decidió Colón hacer rumbo hacia el Sur y seguir luego la línea Equinoccial hacia el Oeste. Dividió su flota en las Canarias, enviando tres buques á la Española y siguiendo con los otros tres hacia el Sur y el Occidente. Después de largos días, de penosas calmas y terribles calores, llegó á la Isla de Trinidad, y siguiendo más al Sur avistó el continente que llamó «Isla Santa» cerca de las bocas del Orinoco. Dos semanas después se convenció de que la tierra se extendía indefinidamente al Sur y al Oeste, y de que había llegado á un Nuevo Mundo. Excitado su místico espíritu por las pasadas tribulaciones, creyóse enviado especial de la Divina Providencia, según los decires de los Profetas, para llevar á lejanos mundos el nombre de Cristo, y en una carta dirigida á los Reyes les anunció haber descubierto el Paraíso Terrenal, y pintando con entusiasta dicción aquel "filero de corriente que venía rugiendo con grande estrépito" (bocas del Orinoco), y aquellas "lomas líquidas que salían y entraban como en pelea del agua dulce con la salada", díjoles haber llegado al «fin del Oriente», y á los cuatro grandes ríos genesiacos que salían del «Arbol de la vida» y su fuente. Reconoció fijo en esta idea las costas del golfo de Paria (Costa de las Perlas), é hizo luego rumbo á la Isabela para reparar sus averiadas naves, y enviar á su hermano D. Bartolomé á explorar y tomar posesión de los maravillosos territorios descubiertos[526].
Fig. 374.—El "Paraíso Terrestre" de Cristóbal Colón (Costa de las Perlas).