2.o Perla, sustancia que también es considerada como producto animal, pues es una especie de concreción preciadísima que se forma en el interior de la concha denominada madreperla, por la extravasación de la sustancia conocida con el nombre de nácar. Se encuentra criaderos de perlas en varias islas de Colombia, y también en las costas de Cubagua y Cumaná, en el golfo de San Miguel, cerca del Istmo de Panamá, donde se pescó una perla del tamaño de un huevo grande de paloma, la que, apreciada en cien mil ducados, fué obsequiada al rey de España Don Felipe II. También hay criaderos de perlas en las costas de la Baja California y del Estado de Sonora, en México, que pueden compararse con los del Golfo de Ceylán y el Pérsico.
Hecha esta suscinta relación, repetimos lo que hemos dicho ya: ¿Será posible que el Hacedor Supremo haya concedido al Continente Americano tantas y tantas riquezas en los tres reinos de la Naturaleza, para que este mismo Continente haya permanecido inhabitado durante el largo tiempo trascurrido desde la Creación del Mundo hasta el Diluvio Universal?
No, ello es materialmente imposible; y, por lo tanto, es innegable que los habitantes de la época antediluviana han sido autóctonos, contemporáneos de los corpulentos paquidermos de la Edad Cuaternaria, época de la que, á no dudarlo, arranca el origen del Hombre.
2.a
La Historia y la Tradición no nos han legado dato alguno acerca de los primitivos habitantes del Hemisferio Americano; todo lo concerniente á este punto, yace oculto en el misterio más impenetrable, no siendo posible seguir con certidumbre la marcha del Género Humano en la infancia de las sociedades del Nuevo Mundo; lo poco que hasta hoy se ha podido saber, está diseminado, por decirlo así, en diferentes obras, Acosta, Avicena, López, Holtón, Kames, Romans, La Peyrère, Burnet, Humboldt, Bancroft, Brasseur de Bourbourg, Hervas, Zerda, Mosquera y otros, traen algo al respecto, pero ese algo es incompleto las más veces, y tan sólo problemático en algunos casos.
De estos autores, unos son del grupo de los poliphyletes ó poligenistas, y otros del grupo de los monophyletes ó monogenistas; conjeturando algunos, que el Hombre primitivo de América tuvo que ser algo superior á la bestia, pero algo inferior al salvaje de hoy, desde el punto de vista físico é intelectual, y tuvo que ser también más corpulento, más musculoso, y más ágil que el Hombre civilizado de nuestros días, pues que la fuerza bruta era su principal atributo: desnudo y estimulado por el hambre, cubría su desnudez con las plantas fibrosas y las pieles de los animales que lograba matar, alimentábase con los frutos de la Naturaleza y con la carne de esos mismos animales[95], y se albergaba en las cuevas naturales para ponerse al abrigo de la intemperie; para eso ponía en acción los recursos de que le permitía disponer su escasa actividad cerebral y la disposición mecánica de sus demás órganos. Después, su instinto se fué desarrollando paulatinamente hasta cobrar la suficiente inteligencia por el mismo desenvolvimiento gradual y la adaptación de sus órganos cerebrales, comprendiendo entónces, que estímulos superiores al de la conservación personal le dominaron, como fueron el amor que tenía á su compañera y las caricias que recibía de sus hijos: esa relación de familia fué estrechada y complementada con el paulatino perfeccionamiento del lenguaje. Luego, como es de suponer, elevando su espíritu á la contemplación de los fenómenos naturales que se ofrecían á su vista, como la influencia benéfica del sol; la caída del rayo de la nube tempestuosa, que le pareció una emanación del mismo astro; el calor de las lavas incandescentes, que los volcanes arrojan en su erupción destruyendo todo en su rápido curso; llegó á comprender que estos hechos eran, en sí mismo, el fuego, y tales fenómenos naturales le sugirieron la posesión del secreto de ese elemento, mediante la frotación de dos leños de dureza diferente, descubrimiento que le permitió realizar casos prácticos en su vida doméstica; pasando entonces el hogar á ser el verdadero centro de la familia. La organización de la familia tuvo lugar, según esto, en la Época Primaria, que prácticamente se denominó Edad de Oro.
Después de este período, que fué de larga duración, vino el de la vida de relaciones entre las diversas familias esparcidas en el Continente Americano, principiando así el verdadero estado social, que siguió á la simple asociación de familia. La infancia del estado social fué también de larga duración, y en el trascurso de él el conocimiento de los hombres, aparte del culto y servicio del fuego, se redujo á la fabricación de toscas vasijas de tierra cocida para sus usos domésticos, á los instrumentos de madera ó de piedra bruta necesarios á sus demás empleos, á la construcción de chozas ó cabañas para su albergue, y á la confección de armas para la caza de animales ó para la guerra, pues no tardó en suscitarse entre las diferentes familias, desacuerdos, disputas y aún riñas que prontamente degeneraron en desavenencias graves y hasta en lucha á muerte entre ellas. En un concepto poético, la Época Segundaria, se denominó Edad de Plata.
A este último período siguió la época del perfeccionamiento de los instrumentos de tosca piedra ó silex, época que los antropologistas llaman Edad de Piedra, y que se subdivide en dos épocas diferentes: la Época Terciaria ó Paleolítica, de instrumentos de piedra toscamente tallada, y la Época Cuaternaria ó Neolítica, de instrumentos de piedra pulimentada.
Vino en seguida el período en que se perfeccionaron los instrumentos, reemplazando los de silex por los de cobre; se mejoró el arte de la alfarería y se principió la extracción y fundición de metales múltiples, tales como el oro, la plata, el cobre, el estaño y otros. Esta época fué llamada Edad de Bronce ó de los Metales, porque el cobre que entra en esa liga, fué el metal más común que reemplazó á la madera y la piedra en la fabricación de instrumentos de guerra y agrícolas, reservando el oro y la plata para varias aplicaciones, ya industriales, ya artísticas. En esta misma Epoca, las tribus nómadas ó errantes, diseminadas, reuniéronse en cuerpos de pueblos ó naciones, formados por el paulatino dominio que adquirieron unas tribus sobre otras. Las asociaciones de las familias relacionadas entre sí por sus costumbres, sus creencias, sus lenguas y sus tradiciones, se constituyeron, así, en Estados civiles, políticos y religiosos, gobernados por jefes que mantuvieron su independencia y autonomía. Debido á esa asociación de familias y su constitución en Estados, fué que se inició un notable adelanto en los pueblos, pues desde entonces se principió á fabricar toscos tejidos, se adoptó la cremación de los cadáveres y se comenzó á tributar el culto religioso.
Cuanto á la Edad de Fierro, sólo está marcada en los Continentes Antiguos, por la adquisición de este utilísimo metal, completamente desconocido su uso, se supone, en el Nuevo Mundo basta la conquista española, apesar de ser muy abundante el fierro en el Continente Americano.