Si se trata de resolver la cuestión de la condición intelectual en que se encontró la Humanidad primitiva, hay que recurrir al examen de los útiles y armas de que los hombres se sirvieron en aquellas épocas lejanísimas; elementos que dan la debida luz sobre esa civilización, pues su exámen enseña, que á las hachas y objetos de piedra, de hueso, de concha y de madera, para los usos domésticos, sucedieron los instrumentos de metal. "Esta historia del Hombre,—ha dicho Mr. Edward Burnet Taylor,—que nos revela el estudio de los instrumentos de que él ha hecho uso, es la historia de un progreso ascencional y sin duda inconstante é interrumpido en cada tribu ó en cada raza, pero un progreso general, en el que vemos que crece y se desarrolla la industria humana." Pero lo dicho por Mr. Burnet Taylor es tan sólo el medio de comprobar, en parte, el grado intelectual á que habían llegado las primitivas generaciones humanas, sin tener en cuenta otros medios importantísimos de llegar al conocimiento de la condición intelectual del Hombre en esas edades primitivas, medios que complementan el estudio etnológico de estas razas, y son: á más del movimiento de su progreso en las artes manuales, sus costumbres, sus ritos, creencias, y su sistema de gobierno.
Debe colegirse de lo dicho, que ha debido trascurrir muy larga serie de siglos antes que los primitivos pueblos de ese mismo Continente adquirieran cierto grado de adelanto; siendo un hecho indudable, que su iniciada civilización fué avanzando gradual y lentamente en el camino del progreso, hasta lograr formar pequeños núcleos y centros sociales.
3.a
Aunque la historia de los primitivos habitantes de América está aún envuelta en un cáos que ha sido imposible aclarar hasta ahora, creemos que después del trascurso de varios siglos, el Hemisferio Americano fué también habitado por los Atlantes, los Antis, los Chinos y talvez los Egipcios, los Fenicios y los Hebreos, razas que forzosamente se mezclaron con esos primitivos habitantes autóctonos, asimilándose á ellos en el trascurso del tiempo. Fundamos esta conjetura en los hechos relatados por los antiguos historiadores, quienes refieren que la navegación en los Océanos Atlántico y Pacífico se remonta á una época anterior al Diluvio; lo cual probaría que los pueblos del Antiguo y del Nuevo Mundo se conocieron y tuvieron relaciones desde aquella misma época.
De suponer es, que en aquellos tiempos antiquísimos, la Atlántida (que creemos sólo ocupaba una parte de la extensión del Océano Atlántico) fuera una nación que alcanzó el mayor grado de apogeo, pues Platón recuerda tradiciones egipcias que se remontan á la invasión de los Atlantes á los Continentes del Antiguo Mundo, extendiéndose por toda la Europa, parte de la Africa y de la Asia Menor. Solón, que fué uno de los siete sabios de Grecia, supo también, por los Egipcios, todos los pormenores que se referían al poder marítimo de los Atlantes, cuya escuadra estaba compuesta de miles de navíos. Además, la Atlántida era célebre por su fértil y benigno clima, habitada por hombres indomables, robustos, audaces y de talla gigantesca[96]; gente fuerte é invasora que hacía repentinas irrupciones, cayendo, de improviso, para guerrear toscamente, hasta poner á sus enemigos en cuitas y peligros. Por lo demás, no hay memoria de la época en que aconteció el hundimiento de esta grande isla, ni tampoco hay recuerdo de la existencia de ella en la época postdiluviana.[97]
Los Antis, pueblo asiático, hicieron, se dice, una invasión á la América ecuatorial, antes del Diluvio, y se establecieron en la Cordillera de los Andes, en la región superior del Amazonas: de estos Antis se deriva, talvez, el nombre de la extensa cadena de montañas que atraviesa toda la América del Sud. Los pobladores de la Cordillera de los Andes ecuatoriales conservan todavía el nombre de Antis, que fueron los que, se supone, introdujeron en América el idioma Quechua, y usaban en lugar de escritura, los quipos ó cordoncillos con nudos, presumiéndose que ellos fueron los inventores de ese sistema, y que también lo habían propagado entre los Tibetanos y los Chinos hasta el tiempo del emperador Tohi (600 años antes del Diluvio). Algunos historiadores de la conquista pretenden que los descendientes de los Antis son los Campas ó Chunchos esparcidos en las selvas del Alto Ucayali y otras regiones del Perú.
Los Egipcios son señalados por algunos egiptólogos como unos de los primeros pobladores de la América, antes del Diluvio. Sabido es que Egipto fué la nación civilizada más antigua de la Tierra, pues se remonta á una época inmemorial en que todos los demás pueblos se hallaban aún sumidos en la más completa barbarie; por eso es considerada como la cuna de las artes y las ciencias del Género Humano: sus habitantes eran muy diestros en la navegación y hábiles en las guerras navales, de donde se conjetura que, desde épocas lejanísimas, sus naves surcaron el Océano Atlántico, abordando á las playas americanas. Y no solamente eran diestros en la náutica, sino también expertos en las armas, pues sus legiones establecieron colonias en Asia, poblando la China y el Japón.
Los Chinos, que componen el imperio más vasto del Mundo y cuyo país ha sido una de las primeras naciones en organizarse, pues que su gobierno y civilización arrancan de una época evidentemente muy remota (á más de 4000 años antes de la era cristiana), conservan tradición de haber enviado algunas inmigraciones de ellos al suelo de la América oriental y occidental antes del Diluvio, unas por la ruta del estrecho marítimo de Annián, y otras por la cadena de islas que en aquel tiempo existía en el mar Pacífico, pudiendo así aportar al territorio americano y poblar sucesivamente las comarcas de México, Panamá y el Perú.
Además de los pueblos citados, posible es que también recalaran á América algunos navegantes aventureros ó náufragos procedentes de la Fenicia y la Judea.
Es opinión generalmente sentada, que los hombres de aquellos tiempos que abordaron las playas del Nuevo Mundo, (sea accidentalmente ó de un modo deliberado, impulsados por los vientos y corrientes constantemente favorables que reinan tanto en el Atlántico como en el Pacífico hacia el Hemisferio austral), tuvieron que permanecer allí, sin poder volver á sus respectivos países, por los vientos y las corrientes contrarias, pues no poseían el manejo de las velas, ni el conocimiento de las estrellas, ni el curso de los astros, ni las luces de la astronomía, ni estaban, en fin, imbuidos de la ciencia náutica, condiciones tan precisas para hacer rumbos contrarios á la impulsión de los vientos.