Atajados por todos lados, para restituirse á los países de donde habían salido, determinaron establecerse en el Continente Americano, los unos habitando las partes montuosas de los bosques, en cuyos parages se volvieron rústicos y bárbaros, y los otros estableciéndose en los valles y en las costas, en cuyos lugares se conservaron más dóciles y sociables.
Por esta razón, la América permaneció ignorada durante tantos siglos; siendo preciso, al fin, que Cristóbal Colón, en cuyo tiempo se conocía ya el modo de tomar la altura de las estrellas y las reglas náuticas necesarias para encaminar las naves hacia donde habían partido, pudiera legar al Mundo el descubrimiento de un Nuevo Continente.
4.a
Creemos también, ateniéndonos á la tradición hebráica, que los primitivos habitantes de la América perecieron en el cataclismo universal y que, después de tan fatal acontecimiento, fué este Continente repoblado por los descendientes de esos primitivos habitantes que, por voluntad del Criador, pudieron salvar de tal catástrofe[98]. Mucho tiempo después, otras razas de los Antiguos Continentes hicieron diversas y continuas invasiones al suelo americano; razas, sin duda, de hombres semi-civilizados, que aportaron al Nuevo Continente sus peculiares usos y costumbres.
Sabido es que el Asia ha sido la cuna de la Humanidad: por consiguiente, creemos que de allí salieron las primeras expediciones que repoblaron el Nuevo Continente. Estos inmigrantes tendrían que luchar contínuamente por la existencia, perdiendo al fin las primeras nociones de la civilización de sus respectivos países. Las causales que originaron este retroceso fueron: los usos nuevos apropiados al género de vida errante á que se vieron expuestos, inspiradas más por instinto que por inteligencia; el decaimiento de su propia lengua; el ser invariables á sus ojos los fenómenos de la Naturaleza, engendrando en ellos nuevas creencias; el aislamiento á que se hallaban reducidos, al extremo de sumirse, con el trascurso del tiempo, en un estado de completa ignorancia. Más tarde, cuando aportaron á las comarcas americanas inmigraciones más avanzadas en civilización, de hombres enérgicos y de mayores facultades intelectuales, fué cuando se establecieron al Norte, Centro y Sur de América, naciones relativamente florecientes.
5.a
Las primeras inmigraciones venidas de Europa á América, en los primeros tiempos postdiluvianos, creemos que probablemente fueron de Griegos, Iberos y Romanos, y, mucho más tarde, de Islandeses, Noruegos y Dinamarqueses; las provenientes de Africa, consistieron en Egipcios y Cartagineses; las originarias de Asia, quizá se formaron de Fenicios, Carios[99], Troyanos, Hebreos, Chinos y Tártaros.
A nuestro humilde juicio, esas diversas inmigraciones fueron realizadas, unas por los caminos terrestres que en aquellos tiempos unían los Antiguos Continentes con el Nuevo; otras, posteriormente, verificaríanse de un modo casual, por tempestades que desviaran á los navegantes de su rumbo, arrojándolos á las playas americanas; y otras, en fin, de esa accidental manera, habrían sido efectuadas con deliberado intento, huyendo del flajelo de las contínuas guerras que, en esas épocas, devastaban y diezmaban las diferentes nacionalidades del Antiguo Mundo. De estas tan diversas inmigraciones proviene, sin duda, la diversidad de razas que vinieron aclimatándose en el suelo americano, cada una con sus peculiares usos, hábitos y costumbres, y aún con sus respectivas distintas lenguas.
Algunos autores opinan que el Nuevo Mundo principió á repoblarse, después del Diluvio, con la pareja ó parejas que en ese Continente salvaron de tal catástrofe; y otros pretenden que lo fué con los primeros inmigrantes que á ese Continente aportaron casual ó deliberadamente. Sea cual fuera la repoblación de América, es un hecho innegable que algunos indígenas conservan la tradición de que, efectivamente, sus antepasados vinieron de otros países y conservan aún los nombres verdaderos ó falsos de sus progenitores.