A este respecto, citaremos, de paso, la opinión que, sobre este tema, desenvuelve Francisco J. Clavigero, en la Disertación 1a de su Historia antigua de México, tom. II, pag. 147, autor que, acojiéndose á los textos bíblicos, opina que todos los animales, incluso los cuadrúpedos feroces y reptiles de América, pasaron por tierra, de los Continentes del Antiguo Mundo al Nuevo; y, concretando sus juicios, dice: «Estoy obligado á creer que los cuadrúpedos y reptiles del Nuevo Mundo descienden de aquellos individuos que se salvaron del Diluvio Universal en el arca de Noé....... y me persuado que su tránsito se hizo por tierra y por diversas partes del Nuevo Continente.»
Objetando esta opinión emitida por Clavigero, debemos preguntar otra vez: ¿Logró Noé encerrar en su arca á algunos animales feroces, propios de América, como leones, tigres, rinocerontes, bisontes, búfalos, coyotes y demás; los mansos huanacos, llamas, vicuñas, alpacas, vizcachas, y otras; los cocodriles, lagartos, serpientes, culebras y demás animales y sabandijas, animales, estos últimos, notoriamente nocivos al Género Humano, y que en tan diversa cantidad existen en el Nuevo Mundo? Es de suponer que aquello no sucedió.
Desde luego, abstracción hecha de los textos de los libros bíblicos, débese admitir que los animales feroces y dañinos de América son originarios de ese mismo suelo, como también son originarios los animales feroces y dañinos que pertenecen á los Continentes Antiguos, porque Dios, en su alta sabiduría, no solamente crió varias razas de hombres, sino también especiales y propios animales y plantas en cada Continente.
En fin, ocioso nos parece investigar el rumbo seguido por los primeros hombres y animales del Continente Americano, porque en los tiempos remotos anteriores y posteriores al Diluvio Universal, la superficie del Globo Terráqueo era muy diferente de lo que es hoy.[104]
7.a
Es un hecho efectivo, que la civilización indiana del período postdiluviano data de muchos siglos antes del descubrimiento de Colón, pues á más de ochenta años de establecido el coloniaje español, vínose á descubrir (en 1576) las famosas ruinas de Copán, que, en tiempos muy remotos, fué la capital del reino Tolteca, tronco perteneciente á la gran familia de los Nahuatls que se diseminaron por toda la América Central, desde el siglo VII hasta el XIV, siendo los fundadores verdaderos de la antigua cultura mexicana. Esa misma cultura se extendió á las demás comarcas de México, Centro y Sud-América, que han sido los tres antiguos emporios de la civilización americana, como lo manifiestan los descubrimientos hechos posteriormente de ruinas de antiguas ciudades, á más de la de Copán, como las de Uxmal, Haba, Labué, Moyapan, Izamal y Chanchen-Itza, en el Yucatán; Mitla ó Miguitlan, en el país de los Zapotecas; Palenque, Petén, Chicken, Tayalal, Tical, Xochicalco, Chulula y Tula, en la América Central; y Tiahuanaco, Machu-Picchu, Huánuco-Viejo, Pachacamacc, Ollantaitambo, Chitabamba, Chuquillusca, Tarmatambo, Vinaque, Chavin de Huantar, Chimu y otras, en la América Meridional; ruinas todas que acusan una remotísima y floreciente civilización de pueblos enérgicos y de notables facultades intelectuales.
No solamente por los monumentos ciclópeos se comprueban las huellas de las tribus prehistóricas, sino también por las toscas herramientas y utensilios de pedernal encontrados en capas subterráneas, entre huesos humanos, de fósiles y vestigios de la fauna y la flora de esa remota época, de la cual los sabios, como Cuvier y otros, se hicieron intérpretes eruditos en nuestros tiempos, reconstruyendo aquel pasado lejanísimo.[105]