Terminamos:

Todas las ruinas encontradas, posteriormente, en el extenso Continente Americano, son testigos mudos de naciones que se alzaron y florecieron en tiempos remotísimos, por su adelantada cultura y civilización, para caer después en el olvido del tiempo, sumergidas en la soledad del desierto; ruinas que han resurgido después de una larga sucesión de centurias.

Si se trata de buscar el origen de las naciones de América que culminaron por sus adelantos, en las épocas antediluviana y postdiluviana, es muy difícil encontrarlo, aunque de suponer es, que fueron las primeras de raza autóctona, y las segundas provenientes de distintas razas, á juzgar por las similitudes que ellas ofrecían con las de los Antiguos Continentes. A nuestro humilde juicio, volvemos á decirlo, la antropología, la etnografía y aún la craneología, son las ciencias que por más autorizadas, podrían con más acierto conducir al conocimiento de las primitivas razas indianas del Continente Americano. Talvez más tarde, los naturalistas antropólogos lleguen á resolver este árduo problema, que hace mucho tiempo viene preocupando, y con justicia, la atención de los sabios modernos. Mientras tanto, repetímoslo, apesar de las numerosas investigaciones hechas sobre el origen de los primeros habitantes de América; no se ha podido aún dar un juicio satisfactorio. Entre tantas opiniones diversas como las que sobre este particular se han emitido, todas, en general, carecen de pruebas fehacientes, y algunas no tienen ni siquiera el mérito de la probabilidad: todas estas opiniones son, tan obscuras unas, tan contradictorias otras, y algunas tan fantásticas é infladas de fábulas, que no solamente hacen la materia de muy difícil solución, sino que al tratar de dilucidarla, la obscurecen tanto, que parece imposible poder llegar, por medio de ellas, á la posesión de la verdad.

9.a

Finalmente, resumiendo cuanto han dicho todos los autores citados en el curso de esta obra, y expuestas sus respectivas opiniones sobre el orígen de los Indios de América, como también la opinión nuestra que acabamos de formular, nuestra última palabra sobre este tópico se condensa en las siguientes conclusiones:

1a El hombre habitó, simultáneamente, todo el Planeta Terrestre, desde los tiempos geológicos; por consiguiente, los primeros aborígenes antediluvianos del Continente Americano son autóctonos, es decir, originarios de ese mismo Continente; pues así como el Hacedor Supremo creó una pareja de la raza blanca, del mismo modo creó parejas de las demás razas, consiguientemente la de la raza roja ó americana. Inconcebible é inadmisible es, que tan diferentes razas humanas procedan de una sola y única pareja, como opinan los monogenistas.

2a Más tarde, en el período postdiluviano, cuando algunas invasiones extranjeras arribaron á las playas americanas, que se suponía cuna de los Atlantes, Antis, Chinos, y quizá de Egipcios, Fenicios, Cartagineses, Hebreos, y algunas otras, entónces los autóctonos de América cesaron de ser una raza única y homogénea, siendo, mas bien, producto de cruzamientos de razas diversas, las que; con el trascurso del tiempo formaron, sin duda, una civilización tan adelantada; que, cuando los Antiguos Continentes estaban aún sumidos en la ignorancia, en América había ya pueblos civilizados que vivian en grandes ciudades, poseedores de monumentos grandiosos, como por ejemplo Palenque, Copán, Mixtla, Chicken, Petén, Chulula, etc., en la América Septentrional, y Tiahuanaco, Choqquequirau, Macchu-Picchu, Tipón, Huánuco-Viejo, Chavin de Huantar, Chimu, etc., en la América Meridional; civilizaciones que han desaparecido del suelo americano, por una de aquellas revoluciones de la Naturaleza con que las naciones más adelantadas se eleminan de la faz de la Tierra. Pero, indudable es, que por las ruinas de los ciclópeos monumentos que aún subsisten, esas mismas civilizaciones fueron razas de hombres muy superiores, que dejaron huellas de su estancia y poderío por este suelo.

3a En tiempos remotísimos los más antiguos pueblos de Europa, Asia y Africa estaban en comunicación con América, pues entónces esa comunicación era facilitada por tierras hoy desaparecidas; porque así como actualmente subsiste el estrecho de Behring, pudiendo atravesárselo á pié, cuando ese brazo de mar se halla congelado, así mismo habrían, sin duda, estrechos que unian el Nuevo Continente con los Antiguos, y cuya desaparición debió ser producida por las convulsiones volcánicas terrestres y submarinas ocurridas en épocas lejanas.

4a De suponer es, que las invasiones á América cesaron durante el lapso de una larga serie de siglos, ó sea, hasta las incursiones de los Normandos y Escandinavos, á fines del siglo X y principios del XI de la era actual, incursiones realizadas sin ninguna ventaja ni provecho para la Humanidad; siendo necesario que trascurrieran aún cuatro siglos más, para que Cristóbal Colón, en 1492, agregara un florón más á la Corona de España, con el descubrimiento del Nuevo Mundo.

5a En muchas comarcas de América se han descubierto los vestigios de una civilización más adelantada que la que encontraron los Españoles, lo que prueba que desde tiempos inmemoriales pueblos de una alta cultura estuvieron establecidos en aquel Continente.