Conste, igualmente, según la relación de antiguos escritores, que en un tiempo estuvieron unidas la Euboca (Negroponte) á la Boecia, la isla de Chipre á la Siria, la Leucosia al promontorio de las Sirenas.
También hay recuerdo del hundimiento de gran parte de la extensa isla de Ceos (hoy Cia ó Zea), una de las que forman el grupo de las Ciclades, en el mar Egeo.
Los habitantes de Malabar afirman que también fueron separadas las islas Malvinas y Sumatra, que en otra época hacían parte del Continente Asiático.
Parece probable que, en tiempos lejanos, la Inglaterra estuvo unida á Francia, y la Isla de Sicilia á Italia.
Algunos geólogos suponen que la configuración de las costas del Océano Glacial Artico ha variado considerablemente; que la altura de las más grandes montañas de la Tierra han disminuída, como las de la Asia Central, y que la Cordillera de los Andes surgió de las aguas y formó la costa del Pacífico.
Sin remontarnos á épocas tan lejanas, vemos que en los tiempos más avanzados, el Globo Terráqueo ha sufrido también mutaciones en su superficie.
En 1446 fueron sumergidos, por la irrupción del mar, más de doscientos pueblos de la Frisia y la Zelandia.
En 1663 un fuerte terremoto habido en el Canadá, desquició más de cuatrocientas leguas de terreno; en esa catástrofe chocaron unas montañas con otras; algunas, arrancadas totalmente de su sitio, fueron precipitadas en el gran río San Lorenzo; otras, se sepultaron en el seno de la Tierra, y una montaña de rocas de más de cien leguas de extensión, se hundió enteramente, dejando en su lugar una dilatada planicie. Después de este formidable terremoto han surgido ríos y lagos en puntos donde antes no había sino montes inaccesibles.
En fin, últimamente, en Enero de 1907, una inundación del mar hizo desaparecer la isla de Simalu, distante ciento veinte kilómetros de la costa de Sumatra y que tenía dos mil cien kilómetros cuadrados de superficie con unos ocho mil habitantes malayos.
El sabio naturalista Cuvier y los eminentes geólogos Maltebrun, Balbi, Reclus y Flammarióu, demuestran con argumentos científicos de valor, que la superficie del Globo Terráqueo ha experimentado frecuentes contrastes y variaciones producidas por el elemento acuoso, en combinación con el fuego central de nuestro Planeta, originándose, así, hundimientos y solevantamientos en su costra. Incuestionable es, suponer que la disposición exterior del Globo Terráqueo fué distinta, en tiempos remotos, de lo que ofrece hoy, pudiendo colegirse que entonces el Nuevo Mundo se hallaba unido á los Antiguos Continentes de Europa, Africa y Asia.