[111] El Emperador de la China, con un ceremonial patético, no desdeñaba (hasta ayer no más, en que el Imperio transformóse en República) labrar la tierra con sus propias manos: cada año al celebrarse una fiesta señalada, daba á sus súbditos, este hermoso ejemplo. Al efecto, en el templo más grande de Pekín, ofrecía préviamente un sacrificio al dios de la Madre Tierra, en seguida, revestíase de un traje de labrador, y conduciendo una yunta de bueyes con las astas doradas y atádos á un arado de plata pintado de carmesí con filetes dorados, abría surcos en una pequeña extensión de terreno del recinto de ese mismo templo. Durante su trabajo, la Emperatriz, acompañada de sus damas de honor, en un departamento inmediato, preparaba una frugal colación, que le llevaba y tomaba en su compañía. Los antiguos Chinos instituyeron esta ceremonia para recordar á sus monarcas, que las rentas públicas sobre las que se funda su poder, provienen del trabajo y sudor del pueblo, y que no deben ser invertidas en el fausto y el despilfarro, sino aplicadas á las necesidades del Estado.
Llama mucho la atención la analogía de ese ceremonial con el celebrado por los Emperadores Peruanos; hecho que dá fundado márgen para suponer que la civilización incáica deribabá de la China, y que los Incas practicaban ese ceremonial con idéntico fin que los monarcas del Celeste Imperio, es decir, tanto para dar á sus súbditos el ejemplo de que deben dedicarse al trabajo de la agricultura, cuanto para simbolizar que el producto de ese trabajo debe emplearse en las necesidades de la comunidad únicamente.
[112] Planta enredadera y trepadora cultivada en algunos parajes de la China, cuyas hojas mascan habitualmente los naturales del país.
[113] Lo que prueba la existencia, en la antigüedad, de las continuadas islas á que hace referencia el conde Carli, es que los mismos conquistadores españoles, al arribar á las costas del Pacífico se cercionaron por las relaciones uniformes de las diversas tribus situadas desde Guayaquil hasta Arica, que sus antecesores habían venido desde lejanas tierras por las innumerables islas que existían en todo ese mar, y que desde esas costas remotas habían navegado á esas numerosas islas, cuyos vestigios, se presume, sean las que quedan hoy conocidas con el nombre de Galápagos, distantes como unas cien legues de Guayaquil, islas que, según asevera el almirante inglés David Dampier—se dilataban desde un grado de latitud septentrional hasta cinco de latitud meridional, contando, algunas de ellas, de ocho, diez y más leguas de longitud; unas altas y otras bajas, unas con ríos de agua dulce y otras sin ésta, unas estériles y otras fecundas; formando todas ellas un inmenso archipiélago.» A lo cual, agrega el mismo almirante en su relación publicada en la «Gazzetta Americana», que, «según han ido pasando los años, se han ido perdiendo y desapareciendo muchas de aquellas islas, quedando de ellas solo catorce.» Todas estas islas diseminadas ántes en el Océano Pacífico, inducen á creer que sirvieron de escala, en épocas remotas, á los originarios del Asia para arribar á las costas meridionales del Contínente Sud-americano.
[114] Armenia, en el Asia Occidental, es la vasta región montañosa de las elevadas mesetas que comprenden las cuencas superiores del Anaxes, del Eufrates, del Tigris y del Tchorcuk: confina, al Norte, con la Georgia y la Mingrelia, al Oeste con el Eufrates, al Sud y al Este con el Kourdistan y el Aderbijan. Se considera la Armenia como uno de los países más bellos de la Tierra, y, en tal concepto, los geólogos antiguos colocaron en ella el Paraíso Terrenal.
[115] Los ejemplares de esos artefactos de cerámica que han llegado hasta nosotros, son tan perfectos y tan bien conservados, que parecen recién elaborados, razón por la cual son muy apreciados por los anticuarios.
[116] Esta piedra, que es una obra de arte de la extinguida civilización de los Chimús, cuyo mérito artístico fué reconocido por el señor José Toribio Polo, que la encontró en Chavín de Huantar, en 1874, se halla actualmente en Lima, traída á esta capital por el Gobierno, quizá á indicación de este sabio arqueólogo, donde se halla en exhibición pública en el vestíbulo del Palacio de la Exposición. La piedra mide 1 metro 95 centímetros de largo por 76 centímetros en su parte más ancha, siendo su espesor de 17 centímetros y el relieve del dibujo de 5 milímetros, representa un hombre ó ídolo deforme, rodeado con muchas culebras: el todo es muy notable por la finura, regularidad y simetría del dibujo, cuyo artista la exculpió sin hacer uso de herramientas de hierro, pues que en aquel tiempo los indios no conocían el uso de este metal.
[117] La etimología de Tiahuanaco, según algunos autores, que refieren que un Inca que llegó á ese lugar, llamado entonces Chucagua (ciudad de piedra), recibió un correo á pié (chasque), el cual llegó mucho antes de lo que se le esperaba. Asombrado el Inca, le dijo: Tihuai,—guanaco (siéntate, guanaco) comparándole con el cuadrúpedo más veloz que conocían los peruanos.
[118] Es casi inverosímil, que la protocivilización de Tiahuanaco, que era en esa época lejana, el foco de la cultura peruana y americana, se hubiera dejado avasallar por los bárbaros Aymarás. Pero toda hipótesis cabe en el destino de las naciones, pues la Historia, en sus páginas innúmeras, ofrece algunos ejemplos de grandes imperios y reinos que, después de haber sido florecientes ó poderosos, se derrumbaron trágicamente. Los hechos que han acontecido posteriormente en el mismo Perú y en México, con la conquista española, parecen en sí mismos fabulosos, pues no se concibe como un puñado de aventureros lograran conquistar esos dos grandes imperios.
[119] La gran revista mexicana «Revista de Revistas,» con el rubro de Valioso descubrimiento en el Perú, trae el siguiente suelto:—«El anticuario inglés Mr. Hewit Myring hizo recientemente uno de los descubrimientos más valiosos, relativos á la historia del Perú. Colectó en un antiguo cementerio de indios, más de dos mil especímenes de obras de barro y armas de los antiguos peruanos. Mr. Myring encontró debajo de una huaca de Incas, en una de las exploraciones que hizo en los montes á una distancia de doscientas millas al interior de Lima (valle de Chicama), restos y reliquias de la raza de los Chimús, objetos que, según los arqueólogos, datan de seis á siete mil años antes de Jesucristo. Cada tumba contenía restos de alimentos en jarras vidriadas de arcilla. La parte más valiosa de este descubrimiento de antigüedades, se compone de grandes urnas, algunas de las cuales tienen hasta seis piés de alto y son tan pesadas que requieren tres hombres para llevarlas en peso. Se las encontró sepultadas al lado de las momias, y la mayor párte de ellas llevaban esculpido el rostro del muerto ó de la muerta, tallado con suma destreza, ya en la parte superior de la urna, ya en un macizo pedestal inferior.»