Todos estos objetos, en número de setecientos, han sido incorporados al Museo Británico de Londres; los notables arqueólogos ingleses Mr. Clemente Markham y Mr. C. Read, han declarado que esos hallazgos, en su calidad de obras de arte, son superiores á las antigüedades asirias y egipcias, y su estilo llega á la perfección del gusto griego arcáico. Estas interesantes reliquias de los Chimús acreditan, y así se dice, que les era desconocido el caballo, pues las personas van montadas sobre el ancho lomo de un animal cuya cabeza es parecida á la de un ciervo, asemejándose el cuerpo al de un tapir. También se nota que las armas que usaban eran, la azagaya ó pequeña lanza arrojadiza, la maza y el escudo. Asímismo se colija que eran aficionados á la música, como lo demuestran los muchos instrumentos musicales encontrados. La moda, igualmente, había llegado en este pueblo á la alta perfección, á juzgar por la gran variedad de tocados y peinados que llevaban las figuras de las vasijas. Eran aficionados á los animales, como las aves y cuadrúpedos, antílopes, mochuelos, zapos, grullas y cigüeñas, según se nota en la ornamentación de las figuras halladas. En la plástica alcanzaron la perfección, pues se notan cabezas con los ojos semicerrados y la boca torcida por grotesca sonrisa ó verdadero dolor; otras tienen ojos grandes, inteligentes, que miran debajo de cejas pobladas, la nariz bien proporcionada, y la boca de corte expresivo. Pero, lo más extraordinario de todas estas figuras, es la representación más antigua que se conoce, de la leyenda de Prometeo, representada por una figura humana, atada á una roca, y en cuyos intestinos hunde su pico un águila».
Todos estos objetos son de un valor inapreciable, y lástima grande es, que esa valiosa colección, en lugar de figurar en el Museo Británico de Londres, no figure en el Museo de Lima. Por eso, y á fin de evitar en lo sucesivo semejantes escandalosos despojos, el Gobierno del Presidente don Augusto B. Leguía, en 1911, expidió un decreto, prohibiendo, en adelante, la extracción de antigüedades peruanas.
[120] Los relatos de Montesinos han sido acogidos, hasta ahora, con cierta desconfianza; pero tienden á rehabilitarse con las indagaciones practicadas últimamente por los sabios. Al terminar sus Memorias antiguas historiáles y políticas del Perú, protesta que en su obra «no hay cosa fingida, sino datos sacados de quipus y de memorias antiquísimas que me he dado el trabajo de examinar instruyéndome de todo.»
[121] Ccapacc, en lengua Quechua, significa grande, poderoso.
[122] Los antiguos cronistas y modernos historiadores están en desacuerdo sobre la duración del período del Imperio de los Incas, aún del reinado de cada uno de ellos. Uno de estos cronistas, cree que el Imperio duró tan solo 200 años otros, de 300 á 400; otro, 350; otro, 362; otro, de 500 á 600; en fin, otro, 565 años. Nosotros, según la generalmente admitida cronología del reinado de cada uno de los Incas, creemos que la duración del Imperio Incáico fué de 511 años, desde 1021 hasta 1532, año en que dejaron de reinar los dos últimos monarcas, Huáscar y Atahualpa, muriendo el primero en ese mismo año, y el segundo al año siguiente. Cuanto á la duración del reinado de cada Inca, también los cronologistas caen en discrepancias, no faltando alguno (Sarmiento de Gamboa), que dá á algunos soberanos una vida de centenarios, como Manco-Ccapac, que, dice él, murió de 144 años, después de un reinado de 100.—También hay discordancia entre los historiadores antiguos tocante al orden en que gobernaron los Incas, y aún introducen cambios en los nombres de esos monarcas. Todos estos diferentes pareceres producen lamentable confusión en la historia de esos soberanos.
[123] La extensión territorial del Imperio, debido á las muchas conquistas realizadas por los Incas, llegó á ser mayor que la que tuvieron los Romanos en su mayor apogeo. Por el Ccollasuyo, ocupaba desde la parte meridional del Cuzco y la altiplanicie del Calloa, hasta las tierras denomidas hoy San Miguel de Tucumán y Santiago del Estero, y toda la región andina de Jujuy, Salta, Catamarca, Rioja, San Juan de Mendoza, hasta el río Maule. Por el Antisuyo el poder incáico llegó hasta Laracaja y Carabaya, la cuenca del río Toro y los valles longetudinales en más de cuarenta leguas. Por el Ccuntisuyo, comprendía las tierras entre el Apurimac y el Pachachaca, hasta Pampas, y lá cadena occidental hasta la costa marítima. Por el Chinchaysuyo, solo llegó el poder de los Incas hasta Huánuco y por la sierra hasta Pasto. Se calcula que la población de Tahuantinsuya, cuando la conquista española, llegaría á más de 10.000,00 de indígenas, población que fué disminuyendo casi en sus dos terceras partes durante la época colonial.
[124] Paullu-Tupacc, convertido á la religión cristiana y bautizado con el nombre de Cristóbal, murió en el pueblo de Ccollccampata, cerca de Cuzco, en 1549. Manco-Inca fué investido honoríficamente por Francisco Pizarro con la dignidad imperial, en 1534; pero viéndose engañado, se retiró al pueblo de Yucay, tramando allí una sublevación, en la que la existencia de los conquistadores estuvo en inminente peligro, cuya sublevación fué al fin, adversa á los Peruanos, teniendo Manco que huír á las montañas de Huillcapampa (en 1557), donde fué muerto traidoramente de un balazo, por un soldado español á quien él había colmado de beneficios.
Su hijo Sayri-Tupacc, se coronó en Huillcapampa: á instancias del Virrey don Andrés Hurtado de Mendóza, salió de las montañas, á Lima, á donde le hicieron una grande recepción, presentándole las mercedes que el Rey de España le concedía, á lo que Sayri-Tupacc hizo una demostración sugestiva ante todos los asistentes. Arrancó un hilo de la sobremesa y dijo: «Si toda esa sobremesa es mía, ¿qué merced es la que se me hace dándome este hilo?» Sin embargo, le obligaron á abdicar sus derechos al Imperio, en favor de la Corona de Castilla (1560), otorgándole, para su mantenimiento, la provincia de Urubamba y el valle de Yucay. Sayri-Tupacc se retiró á este último punto, habiendo recibido préviamente el bautismo, con el nombre de Diego. Murió á los tres años, apesadumbrado por la abdicación que había hecho, y dejó una hija, doña Beatriz Ñuzta, que casó con Martín Loyóla, sobrino de San Ignacio de Loyola.
Gabriel Tupacc-Amaru, hermano de Sayri-Tupácc, se coronó en Huillcapampa. El Virrey don Francisco Toledo le llamó con engaños al Cuzco, prometiéndole las mercedes que se habían concedido á su hermano; pero se negó á aceptarlas. Viendo el Virrey que Tupacc-Amaru se resistía á sus falsas promesas, mandó hacia él una partida de soldados, capitaneados por Martín Loyola, quien apresó al Inca y su familia. En el Cuzco fué encarcelado, cargado de grillos y cadenas, y se le formó proceso criminal, acusándole de delitos que no había cometido, porque el ánimo del Virrey era estirpar, del todo, la dinastía incáica: Gabriel Tupacc-Amaru fué condenado á ser descuartizado, cuya ejecución se llevó á cabo el 17 de Mayo de 1579, en la plaza del Cuzco, del modo más inhumano y bárbaro: á la vez fueron también ejecutados, ese mismo día, su esposa, Micaela Bastidas, sus hijos Dámaso é Hipólito, sus cuñados Antonio y Miguel Bastidas y diez otros jefes ó consejeros suyos. Mariano Tupacc-Amaru y Diego Tupacc-Amaru, hijo, el primero, y hermano, el segundo, de Gabriel, fueron fingidamente embarcados para España, pero en alta mar, asesinados, y sepultados en el abismo.
Así terminó, con los Tupacc-Amáru, la dinastía incáica en el Perú, después de conservar aun ésta, su dominio, en aquellas apartadas regiones, durante cuarenta y cinco años (desde la finjida coronación de Manco-Capacc, en 1534, hasta la ejecución de Gabriel Tupacc-Amaru, en 1579).