Entremos en materia.

§ I

Al realizarse el descubrimiento del Nuevo Mundo por Cristóbal Colón, en 1492, este gran Continente se hallaba poblado, como hemos dicho, por sinnúmero de tribus, unas bárbaras, otras semi-salvajes, y varias completamente salvajes, esparcidas en toda su estensión. Algunas de estas tribus eran (y pocas son todavía) de antropófagos, pues se comen la carne de sus enemigos para satisfacer el repugnante placer de la venganza.

La diversidad de tipos, costumbres, trajes, vida, cultura é idiomas de estas tribus indianas (que sería muy difícil de caracterizar de una manera absoluta, pues que no ofrecen ningún carácter general), induce á creer que los primeros pobladores de América[43] son originarios de naciones diversas que habían llegado á este Hemisferio en distintas épocas lejanas; pero no solamente lo manifiesta así la variedad de razas, hábitos y lenguas, sino también las tradiciones que se conservan, de haber habido invasiones sucesivas á este Continente, después del Diluvio Universal.

No obstante, apesar de los importantes datos suministrados por los hombres científicos que han hecho un profundo estudio sobre el origen de los indios de América, esta cuestión no está aún dilucidada ni definida, conservándose tan sólo á este respecto algunas noticias vagas y no muy exactas, ó tradiciones que han venido trasmitiendo de generación en generación.

Una de las teorías más extravagantes y quiméricas de algunos autores, entre ellos Isaac de La Peyrère en su obra Prædamitas, y Tomás Burnet en su libro Telluris theoria sacra, fué la de asentar con toda gravedad, que los habitantes de América no descendían de la especie humana, sino que, por sus rasgos particulares, pertenecían á una raza distinta, á la de los irracionales, negándoles en lo absoluto el título de hombres; siendo necesario que un breve pontificio los declarase de la misma especie que los demás que forman el Género Humano, reconociéndolos, por consiguiente, aptos para recibir el bautismo[44].

Aún algunos otros autores, entre ellos Avicena, en su tratado De Conglutinatione, han caído en el absurdo de decir, que los primeros pobladores de América se engendrarían de alguna putrefacción, ayudada del calor del Sol, á semejanza de los animales llamados imperfectos ó insectos, como moscas, gusanos, ranas y otros de este género.

Otros autores han pretendido que los indios descienden directamente de la familia de Noé, salvada del Diluvio Universal, y consideran á las tribus groseras y salvajes, dispersas sobre el Continente americano, como la raza más antigua de hombres que existe sobre la Tierra. A este respecto, el docto abate Lorenzo Hervas y Panduro, en el tomo I, pág. 113 de su Catálogo de lenguas de las naciones conocidas, opina que "la sola observación de no hallarse palabras de los idiomas europeos, asiáticos y africanos, en las lenguas americanas, basta para que se conozca claramente que las naciones de estas últimas comarcas, sin mezclarse ni tratar con las de otros Continentes, pasaron á América prontamente, al suceder la dispersión del linaje humano, después de la confusión de las lenguas en Babel"[45].