Alejo Vanegas, en el lib. II, cap. XXII de su Enciso in Suma Geographiæ, afirma que los indios de América proceden de Cartagineses, fundándose en la autoridad de Aristóteles, gran filósofo griego, quien en su libro Mirabilibus Auscultationibus, fol. 53, dice: "que unos mercaderes cartagineses navegaron desde las columnas de Hércules, y que al cabo de muchos días de navegación hallaron una isla desierta, que distaba de la costa de Berbería y en la que había toda clase de maderas, y ríos que se podía navegar por ellos, por lo cual acordaron quedarse allí y poblar la isla. Más, habiendo llegado á noticia del Senado de Cartago la susodicha navegación, y temiendo que la fama de las riquezas de aquella tierra llegase á ser conocida por otras naciones, ó temeroso de que muchos de sus conciudadanos, atraídos por la belleza del nuevo país, fugaran de su patria, ordenó que se matase, á su regreso, á todos aquellos que habían ido á poblar aquella isla, y decretó también pena de muerte contra los que en lo sucesivo intentaran dirigirse allí, guiado por el temor de que los colonos sacudieran el yugo cartaginés y perjudicaran al comercio de la metrópoli." Aristóteles, al aludir á la mencionada isla, se refería talvez á la conocida Española ó de Santo Domingo, desde la cual los Cartagineses pasarían después á la de Cuba y á las otras de aquellos parajes, y de allí á la Tierra Firme de América, y sucesivamente á Nombre de Dios, Panamá, México y Perú. Esta opinión ha sido sostenida por algunos otros autores, entre ellos Solórzano, Torquemada, Calancha y el P. Mariana, los que, para probar que los indios americanos son descendientes de Cartagineses, se han apoyado en los siguientes fundamentos: 1o Que éstos, en aquellos tiempos, como los Mexicanos, usaron de pinturas ó geroglíficos en lugar de letras. 2o Que en América existen edificios antiguos de igual arquitectura que los de los Cartagineses, como en Yucatán, Tabasco, Teotilmacán y otras partes de México; Tiahuanacu y Huamanga, en el Perú; edificios todos anteriores á la fundación de los imperios de México y del Perú. 3o Que muchas costumbres de los Americanos eran semejantes á las de los Cartagineses, como los sacrificios de víctimas humanas, la conservación del fuego sagrado, la veneración de las fuentes y ríos, el vestirse de pieles y plumas, el uso de sortijas en las orejas, el de envenenar las puntas de las flechas con que combatían, y muchas otras costumbres y ceremonias, idénticas entre Cartagineses y Americanos. Alejo Vanegas, para sustentar su opinión y darle más fuerza, se funda también en la autoridad de varios otros autores antiguos, como Hornio, Pausanias, Plinio, Estrabón, Vossio, Ariano y Layet, los que citan varias largas navegaciones efectuadas por los Cartagineses en tiempos remotos, siendo una de ellas la que emprendió el almirante Hannón, que navegó desde Gibraltar, costeando la mar, hasta lo último de la Arabia, y pasando dos veces debajo de la línea del Ecuador, bordeando así las costas del Continente americano.
Onffroy de Torón, que ha hecho pacientes é interesantes investigaciones sobre los primeros habitantes de América, dice, también, en su selecta obra Antigüedad de la navegación por el Océano, que "es evidente el aserto de que los Cartagineses fundaron colonias en América."
Gilberto Genebrardo, en el lib. I de su Chronologia, pág. 162, asevera que: "En la isla de San Miguel, una de las del archipiélago de los Azores, se hallaron sepulcros debajo de tierra con letras hebreas muy antiguas;" á lo que agrega, y con él algunos historiadores posteriores, que "los Americanos proceden de los Hebreos de las diez tribus que se perdieron en el cautiverio de Salmanazar, rey de Asiria[46], los que se dirigieron primero á la China y de allí, por mar, á las costas de otro Continente, por el estrecho que separa la China del reino de Annián, pasando en seguida al reino de Quivirá, y poblando así México, Panamá, Perú é islas de Barlovento ó Hespérides." Los autores que sostienen ese parecer se fundan en el pasaje del cap. XIII, vers. 4 á 49 del lib. IV de Esdras ó de los Reyes[47], que al hablar de las tribus que se perdieron en el cautiverio de Salmanazar, dice: "Ellas tuvieron entre sí el acuerdo y determinación de dejar la multitud de los gentiles y de pasarse á otra región más apartada, donde nunca habitó el Género Humano, para guardar siquiera allí su ley, la cual no habían guardado en su tierra;" de cuyas palabras coligen algunos autores antiguos, como Plaucio, en su Mapa Mundi, Alangren, en su Globo, y Hornio, en su Origen de los Americanos, que estas diez tribus hicieron el viaje por el derrotero indicado y fueron á poblar la América. También esos mismos autores se fundan en la semejanza del carácter y costumbres de los Hebreos é Indios, pues tanto los unos como los otros, dicen, son inconstantes, desleales, ingratos, tímidos, medrosos, incrédulos, supersticiosos y poco caritativos; las costumbres de los unos, agregan, de enterrarse en los montes, sacrificar niños á sus dioses é ídolos, abstenerse de comer carne de puerco, untarse de aceites aromáticos, celebrar ciertas fiestas y observar algunas leyes, son idénticas á las de los otros; y, por fin, algunos vocablos son iguales, tanto en la lengua hebrea como en algunas de los indígenas.
A esto agrega el P. Hennequin, en su Descripción de la Luisiana (París, 1688): "No se puede dudar que los indios son originarios de los Judíos, pues tienen con ellos ciertas analogías, como construir sus cabañas en pabellones, untarse de aceite, creer con superstición en sueños, enterrar sus muertos con horribles lamentaciones, llevar las mujeres el duelo de sus parientes durante un año entero, absteniéndose de danzas y festines, y creer, como los Judíos, que están maldecidos de Dios."
La secta de los Mormones, en los Estados Unidos de Norte América, creen, también, que los aborígenes de América descienden de Hebreos.
Es evidente que las tribus de Cashivos, Sitibos, Piros y Shipibos de las márgenes del Ucayali, practican, como los Judíos, la circuncisión, como también los Salivas, Guaúros, Otomaques y Calchaquis de la América del Sur, y los Mayas de Yucatán.