Diodoro de Sicilia, en su Biblioteca Histórica y Lactancio Firmano, en sus Instituciones divinas, refieren que en el sepulcro de Osiris se encontró un epitafio, en el que se lee que su imperio llegó á los confines de las Indias Oriental y Occidental, de cuyo hecho algunos historiadores posteriores han hecho remontar el origen de los Indios á la fundación del reino de Iberia, en tiempo de Osiris, época que, según alegan, comenzaron á venir á América, por la isla Atlántida, muchos Iberos. Y para apoyar sus opiniones con fundamentos sólidos, dicen que en aquellos tiempos se acostumbraba poner á los lugares de América los nombres de los reyes Iberos, sacando, en consecuencia, que del rey Brigo, cuarto de Iberia, hubieron muchos lugares como Lacobriga, Mirobriga, Volubriga, Augustobriga, Flaviobriga y otros; del rey Gorgor, se puso su nombre á un pueblo cerca de Huancavelica, en el Perú; del rey Hespero, se denominaron las islas Hespérides ó de Barlovento, según lo asevera Ambrosio Calepino en su Thesaurus Lingua Latinam, diciendo: "Las Hespérides se llamaron así, del nombre de Hespero, hermano de Atlante."
Pero el autor que más se empeña en hacer descender los Americanos de la raza ibérica, es el erudito Dr. Diego Andrés Rocha, Oidor de la Real Audiencia de Lima, y autor de un Tratado único y singular del Origen de los Indios del Perú, México, Santa Fe y Chile, quien, después de analizar las opiniones emitidas por varios escritores sobre el origen de los Indios, desarrolla su modo de pensar á este respecto, sosteniendo que los primitivos Iberos, de la época de Osiris, Tubal, Hespero y otros reyes, fueron los primeros habitantes del Continente Americano, fundándose en la analogía de las costumbres de éstos con los Indios de América; en las armas y usos de la guerra de aquellos con éstos; en la concordancia de muchos lugares, ríos, montes y aún vocablos de ambos pueblos, y en la mayor vecindad de la Iberia con la isla Atlántida. Para sostener su teoría, el Dr. Rocha, hace una larga disertación, apelando al testimonio de más de setenta autores, entre antiguos y modernos, de su tiempo, pretendiendo probar con ello que la conclusión que sostiene, de ser los Iberos los primeros que poblaron la América, es la opinión que debe prevalecer.
Otros autores, sin remontarse á una época tan remota como la citada por los anteriores, sostienen, también, que los Españoles, mucho tiempo antes del descubrimiento de Colón, aportaron á las playas de América. Uno de ellos, el Dr. Juan de Solórzano Pereyra, en el tomo I, lib. I, cap. V, No 9 de su Política Indiana, pág. 17, dice: "No quiero pasar en silencio lo que trae Gomara y otros, de los Españoles que, huyendo de la guerra y servidumbre de los Moros, en tiempo del rey Don Rodrigo, se embarcaron en el Océano y aportaron á las provincias de Cozumel y Yucatán; y viviendo y muriendo en ellas, pusieron sobre sus sepulcros, y en otras partes, cruces, que se las enseñaron á reverenciar á los Indios, las cuales se hallaron allí por los nuestros, cuando se descubrieron estas provincias." A lo que agrega el sabio José Eusebio de Llano Zapata, en sus Memorias Histórico-Físicas, Apologéticas de la América Meridional, pág. 520: "Es muy creíble lo que afirman los alegados autores, que huyendo de la opresión de los Moros, aportaron á aquellas tierras; y aunque se dice que la navegación se hizo á Cozumel y Yucatán, que es la parte septentrional de nuestras Indias, hay evidencia más que probable que algunos de los Españoles que allí aportaron, penetraron en las tierras meridionales, hasta la metrópoli del Collao."
Parece ser un hecho innegable, que en los túmulos de Grave-Creek, en Virginia, se ha encontrado una piedra con una inscripción en caracteres alfabéticos, de gran interés etnográfico, que, según Jomard, era ibérica, lo que se presta á creer que los Iberos fueron, quizá, unos de los primeros pobladores de América.
Sin embargo, el P. Román y Zamora, fraile agustino, en sus Repúblicas de Indias, alega que "es otro desatino suponer que los Indios de América son de origen español, sólo por haber algunas analogías entre ciertos vocablos quechuas y otros castellanos.
Algunos otros escritores opinan que los Americanos descienden de los Griegos, fundándose en que habiendo tenido los Atenienses guerra con los Atlantes, tuvieron noticias de las islas Hespérides y de la Tierra Firme de América, y fueron á esas comarcas, siendo los Griegos el pueblo que primero tuvo conocimiento de la navegación después de los nietos de Noé. También apoyan sus opiniones en que en algunos lugares de América, según refiere el P. Fr. Gregorio García, en su Origen de los Indios, pág. 189, se han encontrado inscripciones griegas trazadas en peñas, como cerca de Loja, en el Ecuador, donde hay una piedra alta en la que están esculpidos cuatro renglones, cada uno de vara y media de largo, cuyas letras parecen griegas; cerca de Huamanga, á orillas del río Vinaque, en el Perú, según lo indica Cieza de León, en su Crónica del Perú, cap. LXXXVII, pág. 160, se encontró una loza que tenía ciertas letras parecidas á las griegas; en unos pueblos de la provincia de Chiapa, en México, según el mismo P. García, en su obra citada, pág. 190, existen unos antiguos edificios, en cuyos pilares hay trazadas letras que también parecen griegas. Igualmente, estos autores se fundan en las analogías de ciertos vocablos griegos con los de algunos lugares indígenas, habladas en México, Guatemala y el Perú.
Otros autores conjeturan que los Indios de América son originarios de los Fenicios, fundándose en la opinión de Aristóteles, que en su libro Mirabilibus Auscultationibus, lib. II, cap. IV, dice: "Unos Fenicios navegaron cuatro días hacia el occidente, con el viento oeste, y aportaron á unas islas incultas que estaban en continuo movimiento, subiéndolas y cubriéndolas el mar, dejando en seco gran cantidad de atunes, que comerciaban trayéndolos salados, con ganancia considerable;" islas que se cree sean las del archipiélago de los Azores; opinando algunos que de allí pasaron á las islas Hespérides y después á Tierra Firme de América, viaje, que, según cálculos, efectuaron los Fenicios en la Olimpiada 110, pues al decir de Dionisio Halicarnaso, en su Vita Aristoteles, Aristóteles nació en la Olimpiada 99 de la Creación del Mundo (3670, ó sean, 1293 años antes de J. C.) De este viaje discurren varios autores, entre ellos Juan de Solórzano, en su Política Indiana, lib. I, cap. V, fol. 20, que unos de los primeros pobladores de América fueron Fenicios, fundándose, igualmente, en la semejanza de las costumbres y ceremonias de éstos y de aquellos. Además, invocan dichos autores, en apoyo de su aserto, que á los Fenicios se les atribuye ser los primeros en el arte de la navegación, en dar batallas marítimas, en someter á los pueblos sus vecinos, como dice el historiador judío, Claudio Josefo, en su Autobiographia; el geógrafo prusiano, Felipe Cluvier, en su Universam Geographiam, y el religioso servita, Felipe Ferrari, en su Lexicon Geographiam.
Además, la opinión de los autores citados se funda también en la semejanza de lengua, religión y costumbres de los Fenicios con las de los Indios americanos, pues muchas voces de la lengua fenicia (que es la hebrea antigua y que después fué dialecto de ésta), son iguales en significado que la de los Indios. Los Fenicios, como los Americanos, practicaban, dicen, la circuncisión; y la idolatría de unos y otros en sacrificar niños y mujeres, se observaba en ambas razas, pues, según el P. Cogolludo, en su Historia de Yucatán, lib. IX, cap. 403: "Por singular diré un modo de sacrificar que tienen (los de Yucatán) semejante al que se hacía al ídolo Moloch (de los Fenicios), que siendo de bronce ó metal, de hechura de un hombre hueco y abierto por la espalda, tendidos los brazos, ponían en ellos la miserable víctima racional que sacrificaban, y dándola fuego, quedaba allí abrasada." "¿Quién pudo llevar á Yucatán sacrificio tan particular, añade el P. Fr. Gregorio García, en su Origen de los Indios, lib. IV, parágrafo VII, pág. 236, sino los mismos Fenicios que poblaron á Nueva España?" agregando "que no sólo sacrificaban los enemigos, sino que estos sacrificios eran en tan gran número, que de los sacrificados podía volverse á poblar el Nuevo Mundo."