En la Edad Terciaria los terrenos están también divididos en tres capas: el eoceno, (comienzo de la vida); el mioceno (mitad de la vida), y el plioceno (vida completa). En este último Período vivieron los grandes paquidermos, como el mammouth, el oso de las cavernas y otros; y en los terrenos de ese mismo Período se han encontrado restos humanos, objetos de pedernal y otros análogos, lo que prueba que al lado de los paquidermos vivía también el Hombre.
En la Edad Cuaternaria los terrenos se dividen en dos capas: postplioceno y reciente, caracterizados como el Período de grandes diluvios, á la vez que de un notable descenso de la temperatura. Ya en este mismo Período, la existencia del Hombre está fuera de duda, pues es un hecho comprobado.
Los geólogos confirman que el Hombre ha existido desde el período Plioceno, que es el llamado Glacial ó de transición entre la Edad Terciaria y la Cuaternaria. Pero esta teoría no está del todo confirmada, porque algunos paleontólogos sostienen que en ese mismo Período no existía el Hombre perfecto, sino el antropóide homínido, es decir, un ser antropomorfo semejante al Hombre pero que carecía del uso de la palabra[90]. Sólo con el transcurso de un lapso muy largo de tiempo, dicen esos mismos paleontólogos, ese ser antropóide-homínido fué gradualmente evolucionando y modificándose progresivamente, hasta que apareció el Hombre en estado relativamente perfecto. Este perfeccionamiento, dicen, aconteció en la Edad Cuaternaria.
Si pretendiéramos investigar las muchas opiniones que se han suscitado acerca del origen del Hombre, esta inquisición nos conduciría demasiado lejos; por consiguiente, nos limitaremos, tan sólo, á reproducir lo asentado por algunos sabios acerca de este enmarañado esquema.
Darwin, Quatrefages, Huxley, Hækel, Taylor, Flourens, Paniagua y otros, sientan la teoría de que el Hombre procede directamente del mono (antropomorfo) por efecto de la evolución sintética ó desarrollo progresivo de los órganos en sus formas internas y externas.
Hækel cree que ha existido un ser intermedio entre el mono y el Hombre, ser que él denomina phitecanthropus ó mono-hombre, (alalus, es decir, sin habla), predecesor del tipo humano, que vivió, supone él, en el período Plioceno. Pero, esta hipótesis no ha tenido plena confirmación, hasta que el profesor de geología de la Universidad de Amsterdam, Mr. Dubois, hiciera el descubrimiento, en 1894, en las orillas del río Bangawan (isla de Java), de restos antiquísimos correspondientes á una época intermediaria entre las Edades Terciaria y Cuaternaria (Pliocena). Este descubrimiento de Mr. Dubois produjo calurosas discusiones entre los sabios geólogos, pues mientras unos aseguraban que esos restos pertenecían al tipo antropóide, otros opinaban que eran vestigios del Hombre, y algunos sostenían que pertenecían al tipo intermedio señalado por Hækel.
"Se ha querido encontrar el punto preciso de yuxtaposición entre el mono y el Hombre,—dice A. de Paniagua en su obra La Genèse de l'Homme,—pero este punto probablemente no existe. La evolución se ha producido por diferencias progresivas: para tomar la filiación, no se debe considerar dos individuos más ó menos aproximados, sino la serie de los intermediarios. Entre el mono y el Hombre faltan los puntos de sucesión exacta, pero algunos restos de los grandes antropóides y los homínidos fósiles, son tantas normas (raras, es cierto), que facilitan el camino á seguir y acercan las distancias, haciendo ver, de una parte, que los antropóides estaban ya dotados de órganos perfectos, y, de otra parte, que los homínidos primitivos eran seres casi simios...... La evolución humana, en un principio, se ha producido con una extrema lentitud, y antes de la aparición del Hombre en estado relativamente perfecto, ha sucedido una larga serie de homínidos primitivos, menos acabados, pero que se han ido sucediendo, mejorándose progresivamente." En seguida este naturalista hace una larga disertación sobre las semejanzas y similitudes de los órganos de los grandes antropóides y los homínidos, y concluye formulando con Hækel, la conclusión de que "en el cuerpo del Hombre no hay un solo órgano que no provenga del mono y por el mono, y que el Hombre posée los mismos órganos que aquel, apesar de presentar algunas desemejanzas, las que, precisamente, establecen la diferencia que existe entre ambos seres, pues si esas desemejanzas no existieran, el Hombre sería mono ó el mono sería Hombre."
En concordancia con esta teoría, conviene declarar, según opinan los naturalistas, que el Hombre es un animal racional. El gran botánico Linneo, en su Amœnitates Academicæ, no separa genéricamente al Hombre de los monos antropóides, como el orangután, el chipanzé, el gorila y el gibón, con los cuales le confunde en un mismo grupo bajo la denominación común de homo est animal rationale (como ha dicho Aristóteles), haciendo de él una especie caracterizada, dándole el nombre de homo sapiens ó sea hombre sabio, pensador.